Museo de la Naturaleza y el Hombre
19/06/2015

El legado del naturalista tinerfeño Domingo Bello y Espinosa en el Museo de la Naturaleza y el Hombre

Este material documental se encuentra actualmente en proceso de digitalización.

Hace poco tiempo se encontró en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, una serie de manuscritos y dibujos de plantas e insectos de Puerto Rico atribuidos a Domingo Bello y Espinosa, uno de los personajes tinerfeños más ilustres del siglo XIX. 

Para estudiar este legado de Domingo Bello, a principios de este mes, se trasladó a nuestra isla el Dr. Eugenio Santiago Valentín, catedrático de Botánica de la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras, San Juan de Puerto Rico) y curador del Jardín Botánico de dicha universidad. El Dr. Santiago, en colaboración con el Dr. Javier Francisco-Ortega, profesor de la Universidad Internacional de Florida e investigador asociado al Fairchild Tropical Botanical Garden de Miami, y el conservador de Botánica y ex-director del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, Lázaro Sánchez-Pinto, han publicado varios artículos sobre la obra de Domingo Bello y Espinosa, el último concretamente en el número de mayo de la prestigiosa revista científica TAXON. El legado de Bello, que ya en sus inicios está deparando interesantes hallazgos, se está digitalizando y seguirá siendo estudiado durante los próximos meses por los citados investigadores.

Bello y Espinosa es un personaje conocido y muy admirado en Puerto Rico, al que se le han dedicado calles y plazas en diferentes localidades. En Canarias, sin embargo, nuestro ilustre paisano sigue siendo un auténtico desconocido.

Domingo Bello nació en La Laguna en 1817, estudió Derecho en la Universidad de San Fernando y en 1842, fue nombrado alcalde de esa ciudad. Seis años más tarde emigró a Puerto Rico, por entonces colonia española. Además de su labor en la abogacía, Bello destacó como un gran naturalista, siendo autor de una las primeras obras sobre botánica de Puerto Rico: Apuntes para la flora de Puerto Rico, donde describió 59 especies de plantas nuevas para la ciencia. Tras una larga permanencia en la isla caribeña, regresó paras establecerse definitivamente en Canarias en 1878, y poco después, fue nombrado alcalde de La Laguna por segunda vez. Aquí escribió numerosos artículos en publicaciones regionales de la época, como la Revista de Canarias y la Ilustración de Canarias, sobre todo, de temas relacionados con la historia natural, entre ellos, un curioso y entretenido artículo titulado Un jardín canario en Shangai. Falleció en Santa Cruz de Tenerife en 1883, y fue enterrado en el cementerio de San Rafael y San Roque de esta capital. 

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