Museo de la Naturaleza y el Hombre
09/03/2016

Artículo de opinión: «La “nieve” de las purpurarias», por Francisco García-Talavera Casañas

En el año 2001, durante una campaña paleontológica en la que estábamos investigando los niveles del Cuaternario marino de La Graciosa, nos encontramos con la sorpresa de la aparición de restos de actividad humana (fragmentos de ánforas, huesos de ovicaprinos y de aves, conchas de mejillones de gran tamaño …) fuertemente consolidados, en un nivel superpuesto a lo que conocemos coloquialmente como «playa levantada» (Publicado en 2002, en la Revista de la Academia Canaria de las Ciencias, XV (3-4): 19-35). Y lo más curioso es que la matriz consolidante de arenisca, contenía una altísima proporción de fragmentos «machacados» del gasterópodo Stramonita haemastoma -uno de los moluscos, quizás el más preciado, de los que antiguamente se extraía el valioso tinte de la púrpura-  que equivaldría a centenares de ejemplares por metro cuadrado. La presencia de estos restos, junto a los ya mencionados, nos llevó a la conclusión de que, con toda probabilidad, se trataba de un «taller» para la extracción de la púrpura por parte de gentes pertenecientes a  alguna de las culturas mediterráneas antiguas (fenicios, púnicos, romanos…) que, sin duda, «visitaron» nuestro Archipiélago en busca de sus valiosos recursos naturales.

Y fue en 2006 cuando publicamos el artículo «Purpurarias y Afortunadas, la Macaronesia Central en la Antigüedad» (Makaronesia, vol. 8, pp. 60-82), en el que presentábamos la hipótesis sobre la nominación de las islas que los historiadores de la Antigüedad Clásica conocían como Purpurarias. Estas vendrían a ser, según nuestro criterio, las Canarias Orientales, incluido el «Archipiélago Chinijo». En nuestra hipótesis, ampliamente razonada en la citada publicación, las islas Purpurarias no serían el islote de Mogador, y roques adyacentes -situados a menos de un kilómetro de la costa de Essaouira, Marruecos-, como apunta la mayoría de los autores, sino que serían las «seis» islas, isletas e islotes orientales del Archipiélago Canario, alineadas paralelamente a la costa africana, tal como aparecen representadas en los mapas de Ptolomeo (siglo II D.C). Y siguiendo la nesonimia  de Plinio, de Norte a Sur, para nosotros Ombrion sería Alegranza; Junonia, La Graciosa; Junonia Minor, Montaña Clara; Capraria, Lanzarote; Canaria (por los lobos marinos) sería el islote de Lobos, y Nivaria o Ninguaria sería Fuerteventura, la más extensa, alta y con más variados ecosistemas de todas ellas.

Y es precisamente en este contexto en el que quería hacer una corrección, tras conocer nuevos datos en los últimos años. En la publicación de 2006 decía que la nieve a la que se refería Plinio («… que a la vista de ellas está Ninguaria, que ha recibido este nombre de sus nieves perpetuas, cubierta de nubes…») podría ser confundida, vista a distancia, con la arena blanca que trepa por las laderas de Jandía y cuyas cumbres, debido a los alisios, en muchas ocasiones suelen estar cubiertas de nubes (el Pico de la Zarza se eleva a más de 800 metros sobre el nivel del mar). Pues bien, ahora, y tras nuevas investigaciones, estoy convencido de que lo que vieron en Ninguaria (Fuerteventura) los antiguos navegantes mediterráneos, era nieve real, o al menos el manto blanco producto de una fuerte granizada, como la ocurrida el 29 de marzo de 2009, que cubrió gran parte de la isla de Fuerteventura. Y como también sucedió, en octubre de  2013, en Lanzarote, e incluso en La Graciosa. (Finales de invierno y principios de primavera era la época más propicia para la colecta del Stramonita haemastoma).

Y si tenemos en cuenta, también, las fluctuaciones climáticas del pasado (según Moberg, 2005, y Ljungquist, 2010, los gráficos de temperatura acusaban un notable descenso en los siglos anteriores a nuestra Era), resulta más verosímil esta hipótesis, máxime conociendo que el nivel del mar en aquella época estaba algunos metros más bajo, con lo cual  la altura de Fuerteventura sería mayor.

En nuestra opinión, lo que sí tenemos claro, a través de los datos y documentos disponibles, es que las Purpurarias mayores (Lanzarote y Fuerteventura) ya estaban habitadas por pobladores líbico-bereberes norteafricanos, los mahos, que bien pudieron llegar pos sus propios medios a finales del Neolítico -como proponen Glas, Berthelot, Bethencourt Alfonso, Camps, Serra Rafols y Cuscoy, entre otros autores- hace varios miles de años, procedentes de la región de Tarfaya (punto mas próximo a Canarias), desde cuyas atalayas cercanas a la costa (algunas a más de 150 metros de altura) divisaban, en los días claros, las montañas de Fuerteventura, tal como ocurre en la actualidad.

Los relatos de algunos historiadores de la Antigüedad  también apuntan en este sentido: «… Dieronle allá noticias unos marineros, con quienes habló de ciertas islas del Atlántico, de las que entonces venían. Estas son dos, separadas por un breve estrecho () las lluvias en ellas son moderadas y raras, pero los vientos, apacibles y provistos de rocío, hacen que aquella tierra fértil () produzca frutos que () bastan para alimentar a aquel pueblo ocioso () de tal manera de que se ha extendido hasta aquellos bárbaros …» (Plutarco, Vidas, VIII- IX).

Los «bárbaros», a los que se refiere Plutarco, son los antiguos libios, que poblaban todo el África septentrional, desde el Oeste del Nilo hasta el Atlántico, cuyas características antropológicas y culturales -mostradas en los bajorrelieves del antiguo Egipto y en las pinturas y grabados rupestres del Norte y Oeste de África- concuerdan, en gran medida, con las de los mahos de Lanzarote y Fuerteventura (Anatomía tipo Mechta el Arbi, elevada estatura, fortaleza física, tatuajes corporales, plumas en la cabeza, barba en punta, escritura líbico-bereber …).

Y así, el hecho de que tanto el hallazgo de restos del procesado de la púrpura descubierto por nosotros estuviese en la Graciosa y no en Lanzarote, como que la del reciente descubrimiento en Lobos estuviese allí y no en Fuerteventura, nos está indicando claramente que estas islas estaban ya habitadas, y que los visitantes estacionales mediterráneos (fabricantes de la púrpura) comerciaban con ellos, pero, como solían hacer, se establecían en los islotes deshabitados para evitar «interferencias».

Francisco García-Talavera Casañas, geólogo y paleontólogo, exdirector del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, expresidente de Museos de Tenerife y actual asesor emérito de la citada institución.

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