Museo de la Naturaleza y el Hombre
30/08/2016

Los fósiles silenciosos (I). Por Esther Martín-González, conservadora de paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife

Investigando con el material de fósiles marinos de Tenerife, un trabajo silencioso y básico, llegamos a la conclusión de que a veces se nos pasan cosas por alto. En este caso, se nos había pasado la enorme importancia del legado paleontológico que custodia la isla más grande del archipiélago. Cuando hablamos de la naturaleza de Tenerife nos referimos, fundamentalmente, a su vegetación y fauna, y en lo que se refiere a la geología, básicamente se pone de manifiesto la enorme inmensidad del Teide y sus aledaños. Sin embargo, nuestra isla tiene muchísimos más valores naturales, entre ellos los paleontológicos.

Hace casi 30 años, Paco García-Talavera, Rafael Paredes y Mercedes Martín Oval elaboraron un catálogo de los yacimientos paleontológicos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, que hasta hoy sigue siendo fundamental para que los alumnos que, se adentran en este tema, obtengan información sobre los tipos y localización de los diferentes depósitos. Durante el ingente trabajo de campo que se realizó para la redacción de este inventario, se recogieron numerosos restos fósiles de vertebrados e invertebrados, que se forman parte de las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife.

En este documento se citan numerosos depósitos localizados en las costas de la isla, algunos de los cuales ya han desaparecido bajo la vorágine constructiva, mientras que otros presentan un manifiesto deterioro. Dos de ellos, Punta Negra (en las proximidades de Las Galletas) y playa del Búnker-Los Guinchos (en Las Américas), fueron declarados Bien de Interés Cultural por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias. Lamentablemente, no les ha servido de mucho, ya que el segundo sucumbió bajo las palas mecánicas que construyeron el paseo marítimo y la regeneración de la playa, y el primero se ve amenazado constantemente por las chabolas. Otros desaparecieron sin más, como el de Los Cristianos, y la mayoría pasan totalmente desapercibidos para la población, en general, y los gestores, en particular.

En este sentido, reflexionando a la vez que trabajamos con los fósiles, hay que entonar un mea culpa, y no solamente soltar las quejas. Los expertos en la materia, más aquellos que trabajan en una institución como el museo, debemos divulgar la importancia de estos lugares si queremos que se sigan preservando a través del tiempo. Estoy convencida que los mejores protectores de su patrimonio son aquellos que habitan a su alrededor, pero para ello es necesario enseñarles, explicarles, transmitirles. Sin embargo, somos pocos y con escaso tiempo; así que una de las herramientas que vamos a utilizar es la red.

Muy pocos de los que visitan la playa de Las Teresitas en estos días recuerdan que hace tiempo fue una playa de arena negra volcánica. Y menos son los que conocen que en la base del acantilado que se encuentra detrás, se encontraba uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la isla. Hace unos 130.000 años se produjo un calentamiento global que ocasionó el desarrollo de condiciones climáticas tropicales en latitudes septentrionales (Canarias y costas del Mediterráneo). La consecuente subida del nivel del mar, al derretirse los hielos de los casquetes polares, ha quedado marcada en las líneas de costa por la presencia de numerosos depósitos fosilíferos situados entre 1 y 4 m sobre el nivel del mar actual. El yacimiento de las Teresitas se formó durante ese momento.

La especie dominante en este yacimiento es el molusco gasterópodo Persististrombus latus, con una concha robusta y de tamaño medio. Esta especie vive aún en la actualidad en las cálidas aguas de Cabo Verde y el golfo de Senegal, donde forma parte de la gastronomía local. Su importancia científica radica en que la presencia de esta especie en los mencionados yacimientos nos indica, sin género de dudas, la edad de los mismos y las condiciones ambientales durante las que se formaron. Es decir, bajo condiciones tropicales durante el Pleistoceno superior (hace entre 120000 y 130000 años).

Cuando se empezó a remodelar la zona para crear la nueva playa de arenas claras de Las Teresitas, y las infraestructuras aledañas, se decidió recoger el material fósil que se pudiese, y que ahora se encuentra en el museo. A través de este material seguirá perdurando la importancia de este yacimiento, aunque lo ideal sería poder visitarlo in situ.

En próximos artículos, seguiremos dando a conocer otros yacimientos paleontológicos interesantes de la geografía tinerfeña, y del resto del archipiélago.

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