Museo de la Naturaleza y el Hombre
30/09/2004

Vover a Tíbet

Proyección de diapositivas. por Gotzon Cañada, a las 20:30 hs. Actividad organizada por el Centro de Fotografía Isla de Tenerife, primera del ciclo "fotografía y viaje" en el que se pretende que distintos autores muestren y comenten las obras realizadas a lo largo de sus viajes.

Volver a Tibet

Recorrer Tibet es una de esas experiencias que cualquier viajero tiene o ha tenido siempre entre sus objetivos.
Es un país de fuertes contrastes, duro, inhóspito y sorprendente como pocos.
Su altura hace sufrir a los no acostumbrados, endureciendo el camino, pero ofrece esa sensación de paz y cercanía con el medio que durante muchos años ha provocado una cierta "magia" entre los buscadores de quimeras.
Parece anclado en el pasado, pero no lo está.
Parece simple y cercano, pero no lo es.
Para nosotros, los occidentales, es una propuesta atractiva por lo que de mágico se le supone y es cierto que sus ritos y ceremonias, sus olores y colores nos impactan, pero no es menos cierto que también ellos viven en el siglo XXI y puede no ser ningún atraso, sino otra manera de entender la existencia.
No podemos acercarnos y tratar de comprender, sin antes sentir el frío, la altura, las distancias, el hambre y su concepción budista de la vida.
Siendo como ha sido un país prohibido a los viajeros por mucho tiempo, ahora y tras la ocupación china, va abriendo algunas puertas, las que interesan y deja entrever el lento y solapado barrido de un pueblo y una cultura a la que hemos accedido por terceros.
Recorrer su orografía no es fácil y menos aún ser testigos de muchos de sus ritos, pero a base de paciencia se puede llegar hasta esos lugares perdidos donde el tiempo se detiene, donde nuestro conocimiento no alcanza y donde nuestra forma de vivir choca con la realidad de otras formas de hacerlo que nos sorprenden y hacen pensar.
No soy ningún experto, sólo quiero compartir, con la ayuda de imágenes, vídeo y sonido, lo que hemos visto al volver unos años después.
Son pequeños fragmentos de todo aquello que hemos gozado y sufrido entre los 3.700 y los 5.500 metros de altura, entre monasterios y caminos, entre tibetanos y chinos.
Hay algunas imágenes que pueden herir susceptibilidades, pero las mostraremos tal y como ellos las viven, sin quitar ni poner y siempre con el respeto que nos merece un pueblo, el tibetano, que siempre sonríe.

Gotzon Cañada

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