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La Casa y la Familia Lercaro

La Casa Lercaro

La Casa LercaroEl Museo de Historia está íntimamente ligado al edificio que lo alberga. La construcción está situada en San Cristóbal de la Laguna, ciudad con una importante riqueza arquitectónica en la que desde su fundación como primera capital política, administrativa y militar de Canarias, se localizan destacados edificios históricos.

La Casa Lercaro comenzó a construirse en 1593 por Francisco Lercaro de León. Esta edificación se vio sometida a ampliaciones en los siglos XVII y XVIII, etapa de máximo esplendor, así como a obras de menor importancia en el XIX.

Sobresale de su estructura en la fachada la puerta principal - rematada con escudo familiar - y ventana superior, enmarcadas ambas en cantería que imita una especie de ladrillo y dibujos renacentistas. Con la ampliación del cuerpo de la esquina hacia la calle de Los Álamos, el revestimiento exterior toma el aspecto de una fachada de sillares de piedra con que se elaboró el pórtico de entrada, las pilastras del patio y la entrada al salón principal de la casa. Lugar especial ocupan las pinturas decorativas renacentistas, al fresco, en jambas y dinteles de dos de las puertas de la casa, donde elementos vegetales: guirnaldas y frutas, se mezclan con arquitectura fingida y el escudo familiar.

A lo largo del siglo XX, además de vivienda, la Casa Lercaro tuvo diversos usos, hasta que en los años setenta fue adquirida por el Cabildo Insular de Tenerife, quien acomete labores de restauración y culmina sus tareas en 1993 con la apertura del Museo de Historia de Tenerife.

La Familia Lercaro

La Familia LercaroLa familia Lercaro fue representativa del grupo nobiliario y de la elite social de Canarias que fundamentaba su preeminencia socioeconómica y política en la propiedad de la tierra. Esta condición social facilitó que diversos miembros de la familia accediera a los principales órganos de gobierno de las instituciones civiles y militares de la Isla.

Los Lercaro, como grupo nobiliario, se caracterizaron también por diferenciarse del resto de los grupos sociales a través de distintas manifestaciones relacionadas con el mundo religioso como el patronazgo de iglesias y conventos y la pertenencia a cofradías restringidas, señas de prestigio social utilizados por las clases dominantes.

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