Museo de Historia y Antropología de Tenerife
Fecha del evento: 08/05/2020 - 14/05/2020

«Separar la paja del centeno» (VI)

No cabe duda que vivimos en una sociedad “hiperinformada”, modelada al amparo de una nueva revolución tecnológica, donde los medios digitales han cobrado un protagonismo inusitado, al proporcionar y facilitar el acceso a cualquier tipo de contenidos de forma instantánea. Sin embargo, dentro de esta “era de la virtualización” también toman forma los bulos y las técnicas de guerrilla de la comunicación. Contenidos falsos, con un interés de parte y que incrementan su proyección social gracias a la capacidad de ser difundidos masivamente.

En esta actividad el relato y la noticia falsa cobran protagonismo; pero su finalidad es meramente lúdica y educativa –y más en los tiempos que corren–, siendo su único propósito el entretenimiento, despertar la imaginación y el espíritu crítico. Aprender a discernir lo que es real frente a lo que no y, sobre todo, separar la paja del centeno (o grano).

Contempla la imagen, lee el texto y sigue las instrucciones; porque, a veces, las cosas no son lo que aparentan y quitando el ornamento podrás darte cuenta que subyace otra realidad.


Aerofanía en la era

Fue una mañana de julio, a una hora en la que el sol no proyectaba sombra alguna. Entorno a la era se afanaban los vecinos para meter el grano recién trillado dentro de los  sacos y costales. Mientras tanto, con un clamor propio de la espontaneidad infantil, los chiquillos simulaban ser grandes “bregadores” y luchaban descalzos sobre el piso empedrado. Una yunta de robustos bueyes sudorosos descansaba después de una duro trabajo, al tiempo que sus negros ojos lo escrutaban todo en derredor. Pozos oscuros llenos de mansedumbre y mudo sufrimiento. Y es que la trilla siempre había sido así. Olor a grano seco y a establo, picor de nariz y carraspera… Pero esto es lo de menos si al final los frutos de las “tierras de pan sembrar” sacian al hambriento. 

Todos los allí presentes se apresuraban por ir rematando sus cometidos; sin embargo, su aplicación en la faena era tal, que ninguno se percató de lo que se les venía encima. El ladrido de un perro sato, conocido entre la vecindad como Roque, hizo a la concurrencia tomar tino de la situación, ya que en el lugar donde el sol debía de relucir, ahora se encontraba una masa oscura que crecía por momentos: una singular aerofanía cuyo volumen superaba con creces cualquier nivel de comprensión. Rictus de asombro y temor se imprimieron en las caras de los vecinos, mas el miedo no encontró asiento en ellos; pues siempre les habían contado que aquello que viene desde lo alto no puede ser cosa mala, muy al contrario de lo que mora en lo profundo de la tierra. Aun así, se dispusieron en corrillo, junto a las lajas de basalto que marcaban el perímetro de la era. Y esperaron.

Un curioso ingenio, como una falúa de las muchas que habían visto en la costa y rematada con una gran “bola de tela”, aterrizó justo en medio del lugar de la trilla. De este artefacto descendió un personaje ricamente ataviado. No obstante, en él había algo que ninguno de los presentes entendía: ¡Es negro! –exclamaron al unísono. Pues sus prejuicios raciales no les permitía asociar la opulencia con alguien procedente del continente vecino. De súbito, algunos habitantes pensaron en uno de los Reyes Magos de oriente que por avatares del destino había perdido su rumbo en el transcurso del último temporal del este.

El hombre les habló con tono grave pero afable. Dijo que era científico y explorador, que procedía de un lugar muy cercano y que con su visita venía a constatar la existencia de unas islas perdidas en el mar que los antepasados de su país glosaban en sus cantos. Además, como acto de amistad, el forastero les planteó intercambiar un presente suyo por uno de los costales llenos con grano.

La más anciana y respetada del lugar habló por boca de todos los habitantes y accedió a este truque tan singular. Así que, un costal listo para ser llevado al pósito comunal fue sustituido por un macetón con un arbusto lleno de frutos rojos y suculentos.

El visitante se despidió, subió al ingenio aéreo y ascendió hacia los cielos. Cuando llego hasta una altura suficiente como para comprobar que la era tenía el tamaño de una “perra chica”, prosiguió su vuelo de retorno. Mientras tanto, la vecindad miraba entre perpleja y circunspecta.

Esa noche todos probaron los frutos del arbusto y jamás hubo hambre entre ellos.

Ahora, hagamos un ejercicio mental, extrayendo el elemento “absurdo” de esta instantánea e intentando dar respuesta a las siguientes preguntas (busca ayuda si lo estimas necesario):

  1. ¿Qué nombre de un municipio de Tenerife procede de varios recintos para guardar el grano?
  2. ¿Con qué otra denominación se hace referencia a los pósitos o depósitos de grano que todavía existen en algunos núcleos poblacionales de Tenerife?   a. Albóndiga b. Alhóndiga c. Alondra.
  3. ¿Podrías enumerar tres aperos que se utilizan en el proceso de la trilla?
  4. Aparte de las reses ¿con qué otros animales se suele trabajar en la era?
  5. Fíjate en la imagen, ¿crees que la fotografía actual de un campesino en plena faena sería una buena imagen para una postal turística?


Acto seguido, introduce de nuevo el elemento “absurdo”, contesta a las mismas preguntas planteadas, dejando volar tu imaginación.

Ya tienes los ingredientes básicos para crear dos historias: una basada en hechos verídicos y contrastados, frente a otra donde la inventiva cobra protagonismo.

Déjanos la propuesta que quieras y comenta las que vayan apareciendo, generando (si se puede) un debate virtual.

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