Museo de Historia y Antropología de Tenerife
Fecha del evento: 05/06/2020 - 11/06/2020

«Separar la paja del centeno» (X)

No cabe duda que vivimos en una sociedad “hiperinformada”, modelada al amparo de una nueva revolución tecnológica, donde los medios digitales han cobrado un protagonismo inusitado, al proporcionar y facilitar el acceso a cualquier tipo de contenidos de forma instantánea. Sin embargo, dentro de esta “era de la virtualización” también toman forma los bulos y las técnicas de guerrilla de la comunicación. Contenidos falsos, con un interés de parte y que incrementan su proyección social gracias a la capacidad de ser difundidos masivamente.

En esta actividad el relato y la noticia falsa cobran protagonismo; pero su finalidad es meramente lúdica y educativa –y más en los tiempos que corren–, siendo su único propósito el entretenimiento, despertar la imaginación y el espíritu crítico. Aprender a discernir lo que es real frente a lo que no y, sobre todo, separar la paja del centeno (o grano).

Contempla la imagen, lee el texto y sigue las instrucciones; porque, a veces, las cosas no son lo que aparentan y quitando el ornamento podrás darte cuenta que subyace otra realidad.

La Gran Resaca

El océano estaba plomizo. Una espuma de penetrante olor a yodo ocupaba parte de la superficie del mar y su presencia se hacía más patente en la área que estaba jalonada por un par de sólidos espigones. Gruesas murallas de basalto tallado a escuadra y alma de escombro. Al tiempo, media docena de falúas cabeceaban siguiendo el ritmo que les marcaba la tempestad. Parecían caballitos de feria desbocados que intentaban llegar galopando a no sé qué lugar; o, quizá, buscaban zafarse de la oronda boya de cristal y anea trenzada, reclamando liberarse de ataduras materiales.

Como consecuencia de la posición del Sol respecto a nuestro astro satelital, la gran marea de plenilunio se esperaba intensa. Una fenomenología que se vería incrementada en su intensidad por el llamado “tiempo de La Palma”, el cual se dejaba sentir en esta parte de la isla desde hacía varias jornadas. Por ello, cada dos o tres minutos, un par de olas descomunales bramaban entre los bajíos y terminaban pulverizadas cuando golpeaban el sólido embarcadero con un inquietante estruendo. Además, en el espacio donde en otro momento circulaban centenares de canastos cargados con las primicias del mar y el clamor de decenas de almas se afanaban en sus quehaceres, ahora únicamente se contemplaba algún que otro callao depositado en el pavimento por la acción de la marejada.

La calma vino con el alba, cuando el bufadero dejó de resoplar y los rociones dieron paso a una agradable brisa. En este preciso momento, una cohorte de mujeres con cestas a la cabeza comenzó a ocupar la primera línea de la playa, repitiendo una ceremonia que se remontaba a una época difusa en la memoria colectiva. Su presencia cumplía un objetivo específico: recolectar los “frutos” que les había dejado la pasada Gran Resaca. De este modo, buscaron por todo el frente de marea, separando guijarros y apartando piedras, quitando algas y devolviendo al mar algún que otro pez que repetía entre estertores que no pertenecía al mundo terrenal.

Así, conforme la luz del sol se hacía más intensa, comenzaron a resplandecer en el lugar numerosos callaos de vidrio. Unos color caramelo (que les dicen “de botella de cerveza”), los más comunes, pero que en realidad son dones que otorgan elocuencia. Otros, menos frecuentes, presentan un color verde esmeralda (llamados “de botella de vino”), revelándose como portadores de esperanza. También los había blancos, aunque en menor cantidad (a éstos les dicen “de botella de ron”), muy codiciados porque otorgan clarividencia. Finalmente, los más preciados eran de un azul intenso (conocidos como “de botella de ginebra”), algo escasos, de ahí su estima, pues cuentan que en ellos están contendidos aquellos deseos que más se anhelan.

Después de la recolección, nadie más bajó a la playa en lo que quedó del día. La tranquilidad se respiraba por todos lados, aunque en ocasiones era perturbada por la estridencia de una bandada de gaviotas al sobrevolar un cardumen cerca de una baja.

Ahora, hagamos un ejercicio mental, extrayendo el elemento “absurdo” de esta instantánea e intentando dar respuesta a las siguientes preguntas (busca ayuda si lo estimas necesario):

1. Hasta bien entrado el pasado siglo XX, los muelles y embarcaderos se perfilaron como los principales espacios de comunicación con el exterior insular. ¿Podías decirnos qué localidad del norte de la isla, “guardada” por un roque, fue considerada el principal puerto desde el siglo XVI?

2. La intensa actividad en las poblaciones con infraestructuras portuarias relevantes dio lugar al desarrollo de dos elementos singulares de nuestra arquitectura vernácula y cuya función era controlar el tráfico marítimo por parte del interesado. Elige una opción: a. Palomar y balconada; b. Torreón y mirador; c. Buhardilla y fielato.

3. La producción de pescado saldado para el consumo local o su exportación siempre estuvo vinculada a los núcleos costeros. A comienzos del siglo XX, “Pelarre S. L.” era una incipiente industria radicada en Santa Cruz de Tenerife. Identifica qué otro tipo productos generaba:   a. Conservas y yogures; b. Gofio y sopa; y c. Conservas y harinas.

4. ¿Por qué crees que los hombres faenaban y las mujeres eran las encargadas de vender el pescado?

5. ¿Identificas el lugar de la fotografía?

Acto seguido, introduce de nuevo el elemento “absurdo”, contesta a las mismas preguntas planteadas, dejando volar tu imaginación.

Ya tienes los ingredientes básicos para crear dos historias: una basada en hechos verídicos y contrastados, frente a otra donde la inventiva cobra protagonismo.

Déjanos la propuesta que quieras y, si te apetece, genera un debate entre tus conocidos.

didacticamha@museosdetenerife.org

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