Museo de Historia y Antropología de Tenerife
Fecha del evento: 10/07/2020 - 17/07/2020

Separar la paja del centeno (XIV)

No cabe duda que vivimos en una sociedad «hiperinformada», modelada al amparo de una nueva revolución tecnológica, donde los medios digitales han cobrado un protagonismo inusitado, al proporcionar y facilitar el acceso a cualquier tipo de contenidos de forma instantánea. Sin embargo, dentro de esta “era de la virtualización” también toman forma los bulos y las técnicas de guerrilla de la comunicación. Contenidos falsos, con un interés de parte y que incrementan su proyección social gracias a la capacidad de ser difundidos masivamente.

En esta actividad el relato y la noticia falsa cobran protagonismo; pero su finalidad es meramente lúdica y educativa –y más en los tiempos que corren–, siendo su único propósito el entretenimiento, despertar la imaginación y el espíritu crítico. Aprender a discernir lo que es real frente a lo que no y, sobre todo, separar la paja del centeno (o grano).

Contempla la imagen, lee el texto y sigue las instrucciones; porque, a veces, las cosas no son lo que aparentan y quitando el ornamento podrás darte cuenta que subyace otra realidad.

Luces que acompañan, luces que nos cuentan

La Luz del Risco tiene un torreón que le sirve de cobijo, que la protege de la lluvia y la ampara del alisio.

Hubo una época remota en que campaba por andenes y cuevas; ora guiando a pastores en la distancia, ora iluminando la noche cuando la Luna se ausentaba. Aunque, la mayor parte del tiempo, la Luz del Risco permanecía solitaria, en perfecta sintonía con el paisaje feraz en el que vivía.

Por lo general, las personas la solían evitar; mas, si le pedían ayuda ella se mostraba muy diligente. Incluso dicen que la luminaria podía dar conversación y compañía en un momento de soledad. Entonces, se revelaba con todo su fulgor y mostraba que estar solo era únicamente un punto de vista, pues la compañía se podía encontrar en todas aquellas cosas –tangibles e intangibles– que la mayoría de las ocasiones se pasaban por alto. Desde una simple piedra rastrera o, quizá, una mata a la vera de una trocha. En un recuerdo placentero o en la brisa que acaricia tu rostro.

Pero llegó el día en que todo el mundo quiso ser acompañado por la Luz del Risco y su esencia se desvirtuó. Con el paso del tiempo, la gente dejó de reunirse en torno a ella y los mayores olvidaron contar historias a los más chicos. Y cuando éstos también crecieron, ya no pudieron transmitirlas a sus descendientes. Desde entonces, la desmemoria moró entre los seres humanos y no saborearon el instante; pues vivieron siempre pendientes del futuro. Un futuro que nunca llegaba y al que costaba alcanzar cada vez más. ¡Cosas de la edad! Así, los despojos de cientos de generaciones desmemoriadas pulularon por doquier y la Luz del Risco mermó hasta el punto de convertirse en una simple pavesa mortecina.

A pesar de todo ello, la historia nos cuenta que hubo alguien que le devolvió su vigor primigenio, susurrándole palabras de esperanza. Y para volver a consumar esta singular alianza, le hizo erigir un torreón donde custodiarla y protegerla, pero lo suficientemente elevado para que fuese contemplada desde la lejanía. Una luz imperecedera para un porvenir no revelado.

Ahora, hagamos un ejercicio mental, extrayendo el elemento “absurdo” de esta instantánea e intentando dar respuesta a las siguientes preguntas (busca ayuda si lo estimas necesario):

            1. Una vez concluida la conquista, entre las primeras ordenanzas dictadas por el Cabildo de Tenerife destacaron las que determinaban la creación de puestos de vigilancia con hogueras, con el objeto de poder controlar el tráfico marítimo. Identifica qué nombre recibían las personas que desempeñaban este oficio: a. Foguetero; b. Albarán; o c. Atalayero.         

            2. Actualmente existen promontorios de la geografía insular que mantienen en su denominación toponímica una referencia explícita a estos puestos permanentes de vigilancia. ¿Conoces alguno en tu lugar de residencia?

            3. A partir del siglo XIX, aparecen en Tenerife sofisticadas construcciones con luminarias que podían ser vistas a grandes distancias. Nos referimos a los faros dispuestos en ciertas puntas de la costa insular. Junto al de Rasca en Arona, Teno en Buenavista y Anaga en Santa Cruz, ¿qué otro faro fue erigido en este litoral en aquella época? a. Faro de la Punta del Hidalgo, en San Cristóbal de La Laguna; b. Faro de Abona, en Granadilla; o c. Faro del Puerto de la Cruz.

            4. Hacia 1863 se inauguró en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife una pequeña luminaria costera construida en Francia ¿Qué nombre recibe esta popular señal marítima?

            5. ¿Por qué crees que los faros siempre están revestidos de un halo de esperanza?

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