Museo de Naturaleza y Arqueología
Publicado el 15/06/2020

Artículo de divulgación: «Sarampión: ¿es posible que regrese?», por Conrado Rodríguez-Maffiotte

Introducción

El sarampión, también conocido como Morbilli, sarampión rojo o sarampión inglés, es una enfermedad causada por un virus del género Morbillivirus (ARN) y de la familia Paramyxoviridae. Se transmite por vía aérea a través de la tos y los estornudos de personas infectadas y también por el contacto directo con secreciones y con la boca de los enfermos y los fómites (objetos contaminados). Una de sus características es que requiere concentraciones poblacionales grandes, entre 5000 y 45000 habitantes por año, para poder mantenerse en el tiempo. Por ello, es una enfermedad reciente que surgió con el crecimiento urbano a partir del 3000-2500 AEC. El reservorio es exclusivamente humano.

Se trata de una enfermedad altamente contagiosa cuyo número básico de reproducción (RO) es el más alto de todas las enfermedades infecciosas, contagiando entre 16 y 18 personas no inmunizadas por cada enfermo. Su período de incubación dura de una a dos semanas y tiene un curso por lo general benigno, afectando principalmente a niños de 5-9 años y siendo infrecuente en la adolescencia y muy raro en la vida adulta. Cursa con fiebre alta (frecuentemente de más de 40º), tos, y coriza (inflamación de la mucosa nasal acompañada de secreciones) y, tras este debut, hacia los dos o tres días aparecen las manchas de Koplik (pequeñas y blanquecinas) en la boca y los labios para, dos días más tarde, hacer su aparición la erupción cutánea que comienza en la zona retroauricular y se extiende poco tiempo después a la cara y el cuello y, luego, al tronco y al resto del cuerpo.

Si surgen complicaciones como infecciones bacterianas sobreañadidas de tipo neumonía (fundamentalmente en niños pequeños), encefalitis (muy infrecuente pero extremadamente peligrosa) y sobreinfecciones bacterianas, aumenta mucho la tasa de mortalidad (5-10%). Produce inmunidad permanente.

Historia

El origen del sarampión no está claro, aunque la primera descripción del mismo, diferenciándolo de otras enfermedades con erupciones cutáneas, se debe al médico persa Rhazes quien hizo una pormenorizada descripción en el año 910 en su libro La viruela y el sarampión.

Muchos autores coinciden en que el sarampión estaba ya presente en el Mediterráneo hacia los siglos II y III de nuestra era causando epidemias devastadoras como las de los años 165-180 y 251-266. Es una enfermedad endémica que se transforma en tremendamente peligrosa para poblaciones que no han tenido contacto previo con el virus (epidemias en suelo virgen). Así, desde su entrada en las Américas a partir del primer tercio del siglo XVI tuvo unos efectos auténticamente catastróficos sobre la población nativa. Los acontecimientos comenzaron en Cuba donde causó la muerte a dos tercios de los aborígenes que habían sobrevivido a la viruela en 1529. Desde Cuba la enfermedad pasó a Méjico y América Central en 1530, donde acabó con la vida de más de dos millones de indígenas en los siglos XVI y XVII, y más tarde saltaría a Perú y América del Sur donde también hizo estragos. A partir de entonces tuvo un gran impacto en el Nuevo Mundo, sucediéndose las epidemias cada 10 años.  A mediados del siglo XIX llegó al Pacífico y Oceanía para barrer casi por completo a las poblaciones de archipiélagos como Hawaii, Fidji y Andamán e hizo un daño terrible a los nativos neozelandeses que, en el primer brote en aquel territorio (concretamente en North Island) sucedido en 1854, perdieron a unos 4000 de ellos.

Se calcula que en el último siglo y medio, antes de la vacuna que sería introducida a comienzos de la década de 1960, mató a casi 200 millones de personas en todo el mundo y aún hoy, especialmente en zonas de Asia y África, continúa produciendo entre 15 y 20 millones de infecciones al año. La OMS estima que la mortalidad ha disminuido un 500% a nivel global desde que algunas instituciones sanitarias internacionales y norteamericanas llevaran a cabo su “Iniciativa para el sarampión” a comienzos de la década de1990.

El sarampión en Tenerife

La falta de descripciones clínicas precisas y el uso de términos vagos, no permiten saber con exactitud la fecha de aparición del sarampión en nuestra isla. Así, quizás los primeros brotes (aunque también pudo ser tifus) ocurrieron en La Orotava en 1578 y Garachico en 1584. Lo que sí se sabe es que las peores epidemias tuvieron lugar en 1767-68, causando numerosos casos con un alto índice de mortalidad entre la población infantil y las mujeres que habían dado a luz recientemente (los sectores más sensibles de la población) y en 1892 cuando se colapsaron los hospitales de Santa Cruz, teniendo que habilitarse la ermita de Regla como lazareto (en esta ocasión también fueron los sectores infantiles los más afectados). Posteriormente reaparecería por diversos puntos de la isla sin la virulencia de las anteriores ocasiones, siendo los estallidos más importantes el de 1932, que causó un número importante de víctimas con algunas muertes, y el de 1936, afectando principalmente a Icod de los Vinos y su comarca lo que obligó a cerrar las escuelas para evitar que el contagio se extendiera.

Hitos en el diagnóstico, prevención y tratamiento

A pesar de haber sido descrita por Rhazes quien la diferenció de la viruela, no fue hasta el siglo XVI cuando fue reconocida como enfermedad independiente. Sería el médico escocés Francis Home quien demostró su naturaleza contagiosa en 1759 y el danés Peter Ludvig Panum (1846) el que descubrió la vía de transmisión aérea cuando estudiaba una epidemia de la enfermedad en las Islas Feroe, demostrando además que producía inmunidad permanente y confirmando la duración del período de incubación. Cincuenta años más tarde el médico norteamericano Henry Koplik describió el signo patognomónico del sarampión, las manchas blanquecinas que llevan su nombre, en la mucosa oral.

Aunque el virus no logró ser observado hasta 1954 por el médico norteamericano Thomas Peeble, ya en 1911 los norteamericanos John Anderson y Joseph Goldberger demostraron la naturaleza vírica de la enfermedad y en 1916 los franceses Charles Nicolle y Ernest Conseil, del Instituto Pasteur de París, descubrieron los anticuerpos.

La vacuna llegó en 1963 de la mano de Maurice Hillemann y Enders (antes el propio Peeble, junto con Katz y Milanovic habían fabricado otra que era peligrosa). En la actualidad existen dos, la MMR o triple vírica (combinada con la de las paperas y rubeola) y la MMRV (que incluía también la varicela). La vacunación ha hecho que el sarampión haya experimentado un descenso continuado a nivel global desde comienzos de la década de 1980 cuando se introdujo la triple vírica. Por otra parte, la incidencia de complicaciones derivadas de la enfermedad se ha visto radicalmente disminuida.

No existe tratamiento específico una vez que la persona enferma y de lo que se trata es de combatir los síntomas.

Y un problema: los movimientos antivacuna

Es bien conocida la historia del médico británico Andrew Wakefield quien en 1998 publicó en la prestigiosa revista médica The Lancet un artículo relacionando la vacuna MMR o triple vírica con el autismo. A partir de esos momentos se produjo en el Reino Unido y en buena parte del mundo una reacción contra la vacunación en general que ha ocasionado brotes de importancia variable con consecuencia de muerte para no pocos pacientes. Wakefield fue expulsado de la Organización Médica Colegial de su país y el artículo en cuestión fue retirado de la revista al demostrarse que su autor tenía intereses económicos para la producción de vacunas alternativas a la MMR.

Este movimiento antivacuna no es nuevo y tiene un precedente en la denominada Leicester Anti-Vaccination League - surgida en 1869 en aquella ciudad inglesa - cuando miles de personas protestaron contra el uso obligatorio de la vacuna antivariólica por diferentes motivos (religiosos, sociales, políticos o simplemente por creer que era causante de muertes a los que se vacunaban). El clímax llegó en 1885 con protestas masivas que, entre otras cosas, hicieron que de ser obligatoria se pasara a que, por razones morales, las personas pudieran no vacunarse, aunque la notificación de diferentes enfermedades infecciosas era obligada. Las consecuencias, aunque al principio no fueron muy notables, no se hicieron esperar y en pocos años la viruela volvió con fuerza en diversas ciudades británicas, incluyendo la propia Leicester. Más o menos al mismo tiempo, en 1873-1874, se produjo una campaña similar en Estocolmo (Suecia) que hizo que la vacunación contra la viruela cayera hasta el 40% lo que trajo como consecuencia un estallido de la enfermedad en esos años que tuvo carácter grave con numerosos casos y muertes.

Desde los últimos años del siglo pasado y a lo largo del presente se ha observado un aumento del número de padres que rechazan vacunar a sus hijos por la creencia de que la inmunidad natural prevendrá la enfermedad, el miedo a los efectos secundarios de las vacunas, el pensar que muchas de las vacunas no son efectivas al 100%, etc. Eso ha hecho que la tasa de vacunación haya disminuido en algunas regiones y países de modo alarmante poniendo en riesgo no solo la salud de los hijos sino también la de la comunidad a la que pertenecen. Este hecho ha propiciado la aparición en diferentes lugares de brotes de importancia variable de enfermedades como sarampión, tosferina, difteria o poliomielitis. Veamos los más importantes brotes de sarampión en los últimos años:

  • Holanda (en el seno de una comunidad religiosa), Reino Unido e Irlanda en 2000, por disminución de las tasas de vacunación.
  • Polio, sarampión y difteria en Nigeria desde 2001, originado por líderes religiosos con sospechas frente a la medicina occidental lo que hizo caer la tasa de vacunación. Muy graves fueron los brotes de sarampión (con más de 20000 casos y casi 600 muertes) y poliomielitis (Nigeria se convirtió en foco principal de la enfermedad con más de la mitad de casos registrados en el mundo).
  • Estados Unidos (desde 2005), afectando a Indiana al comienzo por negativa de muchos padres a vacunar a sus hijos. En 2013 los focos eran New York, Carolina del Norte y Texas. En 2014 el foco estuvo en Disneyland (California), con origen en visitantes filipinos, que luego se extendería dando lugar a la primera muerte por la enfermedad en 12 años en aquel país. Otros brotes fueron los de Minnesota (2017) en niños de origen somalí no vacunados; New York (2018-2019) en una comunidad judía ultraortodoxa; y en el estado de Washington (2019).
  • Swansea (Gales, Reino Unido), 2013: debido al debate sobre la vacuna MMR esta cayó en una proporción del 30% en aquella ciudad lo que produjo un aumento del número de casos con resultado de una muerte. En 2017 apareció otro brote en Newport.
  • Rumanía (2016). En septiembre de ese año, por el tan debatido tema de la MMR y la drástica reducción en su aplicación, se produjo un estallido de la enfermedad que se ha extendido hasta hoy con más de 15000 casos y unas 60 muertes.
  • Samoa (Polinesia, Oceanía), 2019: la muerte el año anterior de dos niños poco tiempo después de recibir la vacuna motivó una caída de la tasa vacunal propiciando un brote con 5000 casos y más de 70 fallecimientos.

Está claro que el mayor logro de la medicina ha sido su capacidad para prevenir enfermedades infecciosas que en el pasado fueron responsables de la muerte de cientos de millones de personas en todo el planeta. La viruela ha sido erradicada desde 1980 y otras enfermedades como polio, sarampión o tosferina, por citar solo algunas, han estado o están a punto de ser erradicadas también. Sin embargo, los movimientos contra las vacunas están poniendo en serio riesgo el poder alcanzar esa meta. Hasta tal punto es así que, en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó a estos movimientos entre las diez peores amenazas para la salud pública mundial junto con el cambio climático, el aumento de enfermedades no transmisibles, los movimientos migratorios o la contaminación, entre otras.

Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín

Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife (Organismo Autónomo de Museos y Centros-Cabildo de Tenerife)

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