Museo de Naturaleza y Arqueología
Publicado el 29/06/2020

Artículo de divulgación: «Indagando en naturaleza pictórica: ritmo de la noche», por Fátima Hernández Martín

Un interesante cuadro del pintor flamenco Ferdinand de Braekeleer (1792-1883), titulado El murciélago (The bat), fechado en 1860 (ver portada), muestra un grupo de personas en el interior de una cabaña o cobertizo intentando capturar un animal. La escena bien pudiera estar carente de significado, si no fuera porque lo que intentan atrapar (observen que se hallan todos muy pendientes de lo que cuelga del techo) es un curioso ser, poco conocido por el gran público, muy vinculado a las supersticiones, miedos y terrores de la noche y, hoy en día, muy mencionado en los medios de comunicación, dado que porta ciertos virus que pueden causar enfermedades (zoonóticas), temidas por el ser humano, es decir, hablo de murciélagos (Letko et al., 2020).

Los murciélagos son animales que pertenecen al orden de los quirópteros, únicos mamíferos capaces de volar. Una de sus características, más conocidas, es que se orientan en la oscuridad, pudiendo localizar (léase también esquivar) complejos obstáculos sin dificultad, así como obtener alimento, mediante un desarrollado sistema de ultrasonidos de alta frecuencia, inaudibles para los seres humanos, algo que sigue siendo objeto de interesantes estudios, caso del proyecto Sonozotz, que analiza estos sonidos y sus repercusiones en tratamientos de especies y relación con actividades antropogénicas (Zamora-Gutiérrez et al., 2020) o investigaciones sobre información transmitida durante sus vuelos de búsqueda de alimento (Kohles et al., 2020). 

De hábitos preferentemente nocturnos, viven alrededor de veinte años y su alimentación es variada, en especial, constituida por insectos, frutas o pequeños animales, curiosamente, solo una ínfima proporción son hematófagos (es decir, ingieren sangre). Al igual que ciertos insectos (caso de abejas, abejorros) o aves (colibrí) cumplen con una importantísima función en la naturaleza, ya que son extraordinarios polinizadores, sin los cuales muchas especies de plantas (algunas de interés alimenticio) no podrían reproducirse. Además, contribuyen a regular/controlar poblaciones de artrópodos molestos para las cosechas (piensen en polillas o mosquitos…). De tamaño variado, los hay pequeños, de pocos gramos, hasta los más grandes que pueden llegar a medir metro y medio y pesar bastantes kilos. Con amplia distribución, se tienen registradas unas mil trescientas especies a nivel mundial (Tsang et al., 2016), que representan el 20% de las variedades de mamíferos del planeta, siendo frecuentes los nuevos hallazgos. Así, entre 2005 y 2013 se descubrieron (Tsang et al., 2016) ciento veinte nuevas especies en lugares crípticos. Aunque la alta tasa de descubrimientos dificulta evaluar el estado de cada nuevo hallazgo en un corto período de tiempo, y también hace complejo elaborar planes de gestión en ausencia de información sobre abundancia o historia, estos nuevos descubrimientos permiten conocer el estado de poblaciones aisladas, y el reconocimiento de estas especies distintas puede permitir la elaboración de estrategias apropiadas de conservación y gestión. Por ejemplo, en agosto de 2014, fue anunciado el descubrimiento de Myotis midastactus, una especie hallada en Bolivia, llamada murciélago vespertino de oro, debido a su inusual pelaje color amarillo dorado (Moratelli & Wilson, 2014). Por otro lado, los balances de estudios indican que los murciélagos (Chiroptera) son el segundo grupo más numeroso de mamíferos, solo superados por los roedores (Rodentia),

Si nos centramos en el caso concreto de Canarias, hemos de decir que los murciélagos, junto con la musaraña canaria (Crocidura canariensis Hutterer, López-Jurado & Vogel, 1987) que vive solamente en las islas orientales, son los únicos mamíferos terrestres que hay de forma natural en diversos hábitats de las Islas y, los quirópteros, únicos mamíferos nativos que habitan la laurisilva (Fernández-Palacios et al., 2017).

En el Archipiélago, este tipo de fauna se distribuye desde la orilla del mar hasta cotas cercanas a los tres mil metros de altitud (Ibáñez y Fernández, 1985). Uno de los más singulares, fácilmente identificable por sus grandes orejas, es el que se conoce como murciélago orejudo canario, Plecottus teneriffae (Barret-Hamilton, 1907), especie endémica de las islas occidentales, que vive en La Palma, El Hierro y Tenerife, ocupando gran diversidad de hábitats, desde zonas costeras, barrancos de medianías hasta el piso supracanario, aunque es más abundante en pinares y zonas de transición entre dichos pinares  y la laurisilva o el fayal-brezal, refugiándose en el interior de tubos volcánicos, cuevas, galerías de agua o construcciones abandonadas.

Una subespecie de Barbastella barbastellus (Schreber, 1774), endémica de Canarias, es el murciélago canario de bosque, Barbastella barbastellus guanchae, Trujillo, Ibáñez & Juste, 2002, que se distribuye por Tenerife y La Gomera (Trujillo, 2002). También el endemismo macaronésico, Pipistrellus maderensis (Dobson, 1878), llamado murciélago de Madeira, presente en los archipiélagos de Madeira y Canarias (en este último caso en las cuatro islas occidentales, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro, donde ocupa casi todos los hábitats, incluso aprovechando alumbrado de pueblos y caseríos para capturar sus presas), aunque recientemente también ha sido citado en Azores (isla de Santa María) (Trujillo y González, 2011). Los otros cuatro quirópteros son: el murciélago rabudo, Tadarida teniotis (Rafinesque, 1814), el más grande en Canarias, que puede alcanzar una envergadura de unos 40 centímetros, del que pueden ver un ejemplar expuesto en las salas del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife (MUNA), foto 1, en concreto en las salas de vertebrados terrestres y que está presente en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro (Hutterer, 1989). El nóctulo pequeño, Nyctalus leisleri leisleri (Kuhl, 1817), que habita en Tenerife y en La Palma (en Canarias) (Trujillo, Barone y González, 1988), así como en Azores y Madeira. El murciélago de borde claro, Pipistrellus kuhlii (Kuhl, 1819), presente en Gran Canaria, Fuerteventura y ocasionalmente avistado también en Lanzarote. Por último, el murciélago montañero, Hypsugo savii (Bonaparte, 1837), que gusta de grietas y fisuras y se encuentra en Canarias (El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife y Gran Canaria) (Trujillo, Barone y González, 2012) Madeira y Cabo Verde. No obstante, recordemos que hace tiempo, a esta fauna, se añadió alguna que otra especie, caso del zorro volador egipcio (Rousettus aegyptiacus), exótico, introducido, portador de patógenos (caso de la rabia) (Wellenberg et al., 2002) e invasor que, aunque logró una población asilvestrada en Tenerife (año 2000), ha sido erradicado en las Islas (Trujillo, 2006, 2009).

Por lo general, estos animales viven en oquedades, cuevas, aunque algunos usan, como hemos comentado, los tubos volcánicos, sobre todo en época de cría. Los que se acercan a zonas más urbanas, prefieren elegir tejas, techos, cornisas, sobre todo de casas abandonadas en lugares tranquilos de enclaves apartados… Los pesticidas, la destrucción del hábitat, la invasión de dicho hábitat por el humano, la contaminación lumínica y los mamíferos introducidos, como gatos o ratas, son sus mayores amenazas en la actualidad, afectando a las poblaciones de manera notoria y preocupante, por el papel que llevan a cabo en la ecología del ecosistema (Mickleburgh et al., 2002).

Haciendo un poco de historia, dicen que Plinio el Viejo los consideró aves, error que persistió hasta el siglo XVI, cuando Conrad Gessner, naturalista y bibliógrafo suizo, los estudia dentro de su obra de cuatros volúmenes, Historia Animalium (1551-1558), ubicándolos como forma intermedia entre aves y mamíferos, y dibujándolos en sus enigmáticos libros de zoología (foto 2). De hecho, en el fragmento de San Isidoro de Sevilla (erudito polímata que vivió entre los siglos VI-VII) inserto al final del texto de este artículo, vemos cómo este hombre santo y estudioso, también los define como pájaros.

Más tarde, ya Linneo los clasificó dentro de los mamíferos en su Systema Naturae y Buffon, que les llamó vampiros, un término que toma de una figura de leyenda eslava, descubrió la hibernación que llevaban a cabo en su ciclo vital, durante una exploración en cuevas en las que encontró abundante guano (heces) de dichos quirópteros, observando que, en los excrementos, había restos de moscas y mariposas, lo que originó el inicio del estudio de dietas de especies europeas. Finalmente, a principios del siglo XIX, se aceptó que ellos formaban un orden propio, dentro de mamíferos, que denominaron: Chiroptera (quirópteros).

La palabra latina para murciélago fue vespertilio, que deriva de vesper que significa tarde, una referencia al momento del día en que emergían de sus escondrijos (lugares de habitación) para llevar a cabo sus actividades nocturnas (principalmente alimentarse).

Vinculados con creencias, mitos y supersticiones, en gran medida debido a su modo de vida, su vuelo, la morfología de su rostro, sus orejas, dientes y el tamaño de algunos, muy pocas especies a nivel mundial (solo tres) son hematófagas y pueden llegar a atacar a rebaños al objeto de beber sangre de los animales, lo que ha contribuido a propagar, en cierta manera, su leyenda de monstruos terribles de la noche por sus ataques a ganado/aves de corral y la consiguiente transmisión de enfermedades, caso de la rabia (Corrêa et al., 2014). Estas pocas especies son: el vampiro común (Desmodus rotundus), el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata) y el vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), cuyo hábitat se halla relegado solo a ciertas zonas de América.

Sin embargo, la mayoría -como hemos comentado- son inofensivos, insectívoros (polillas, mosquitos) o frugívoros (frutas), entran en letargo durante ciertos períodos de tiempo (en especial durante la época fría del año), favorecen la polinización y controlan plagas dañinas para nuestras cosechas.

Curiosamente han sido representados, a lo largo de la Historia, en numerosas ocasiones. Recordemos las pinturas, recientemente encontradas en una cueva del noreste de Australia (Australia’s Kimberley region), datadas en torno a 20-25.000 años, que representan unos extraños quirópteros (ocho), similares a zorros voladores, hoy extintos. La especie pintada en la caverna tiene unas curiosas marcas blancas en el rostro y actualmente no se conocen especies con esas características, por lo que pudieran haber estado presentes en otras zonas y se desplazaron, o desaparecieron como resultado de los cambios climáticos y ecológicos que siguieron al final de la Edad de Hielo, según opinan algunos científicos. Pero también han sido dibujados en bellas y extrañas ilustraciones de manuscritos iluminados del Medievo (foto 3 y 4), en piezas de tribus americanas (como es el caso del pueblo Mogollón), todo tipo de obras en arte oriental  (donde por cierto es considerado símbolo de fortuna y buena suerte); los grabados de Materia Médica o algunos de los lienzos de grandes maestros de la pintura, como José de Ribera  (foto 5), David Teniers o Vincent Van Gogh, por citar solo algunos de los numerosos artistas que los han plasmado, por lo general, como animales siniestros y peligrosos, cuando son inofensivos y lo único que quieren hacer, como cualquier miembro perteneciente a una especie biológica (créannos señoras y señores, como nosotros, los humanos) es vivir…tranquilos, en este planeta tan lacerado.

“…El murciélago, a diferencia de otras aves, es un cuadrúpedo volador, parecido a un ratón. Toma su nombre (vespertilio) por el momento en que vuela, después del crepúsculo. Vuela impulsado por un movimiento precipitado, cuelga de ramas frágiles y emite un sonido como un chirrido...”

San Isidoro de Sevilla (Las Etimologías)

 

Dra. Fátima Hernández Martín, directora del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife

MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología


PORTADA- El murciélago, lienzo del pintor Ferdinand de Braekeleer (1792-1883), fechado en 1860. Obsérvese cómo están pendientes, todos los presentes, del extraño animal que pende del techo

FOTO 1.- Murciélago de la especie Tadarida teniotis (Rafinesque, 1814) expuesto en la sala de vertebrados terrestres del MUNA (Museo de Naturaleza y Arqueología)

FOTO 2.- Estudio sobre el murciélago realizado por Conrad Gessner (siglo XVI)

FOTO 3.- Murciélagos presentes en manuscritos iluminados del Medievo. Detalle del Bestiario Northumberland (Getty Collection)

FOTO 4.- Murciélagos presentes en manuscritos iluminados del Medievo. Le Livre et le histoire du bon roy Alixandre, libro ilustrado que data de 1420 y narra la historia de Alejandro Magno y sus combates con animales enigmáticos

FOTO 5.- Estudio de dos orejas y un murciélago de José de Ribera (El Españoleto) Museo Metropolitano de Arte, Nueva York (EE.UU.)

 

 Bibliografía

 

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Fernández-Palacios, J.M., J.R. Arévalo, E. Balguerías, R. Barone, J.D. Delgado, L de Nascimiento, R. Bento Elías, Fernández-Lugo, S., J. Méndez, A. Naranjo Cigala, M. Menezes de Sequeira y R. Otto (2017). La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores. Macaronesia editorial, Santa Cruz de Tenerife: 417 páginas. ISBN: 978-84-697-5454-2.

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