Museo de Historia y Antropología de Tenerife
Fecha del evento: 28/07/2020 - 04/08/2020

Separar la paja del centeno (XV)

No cabe duda que vivimos en una sociedad “hiperinformada”, modelada al amparo de una nueva revolución tecnológica, donde los medios digitales han cobrado un protagonismo inusitado, al proporcionar y facilitar el acceso a cualquier tipo de contenidos de forma instantánea. Sin embargo, dentro de esta “era de la virtualización” también toman forma los bulos y las técnicas de guerrilla de la comunicación. Contenidos falsos, con un interés de parte y que incrementan su proyección social gracias a la capacidad de ser difundidos masivamente. 

En esta actividad el relato y la noticia falsa cobran protagonismo; pero su finalidad es meramente lúdica y educativa –y más en los tiempos que corren–, siendo su único propósito el entretenimiento, despertar la imaginación y el espíritu crítico. Aprender a discernir lo que es real frente a lo que no y, sobre todo, separar la paja del centeno (o grano).

Contempla la imagen, lee el texto y sigue las instrucciones; porque, a veces, las cosas no son lo que aparentan y quitando el ornamento podrás darte cuenta que subyace otra realidad.

Sabores de la tierra

La piña de mujeres y hombres trabajaba codo con codo a la luz del carburo, pues todos sus esfuerzos se centraban en una veta de duro basalto azulado que resistía la percusión del afilado metal. Chispas blanquecinas, como nervios flamantes, saltaban de la roca cada vez que el “jalinchador” neumático la hería con su ritmo acompasado y atronador. Pequeñas llamas que fugazmente permitían definir los volúmenes en la penumbra. Empero, aquí esos detalles poco se tenían en cuenta, pues era necesario centrar todos los sentidos en el desmonte y en la evacuación de los escombros hacia el exterior, además de archetar la cavidad y asegurar el corredor artificial que se estaba creando.

Ninguno de los allí presentes había supuesto en jornadas previas que se tuviese que cavar tan profundamente, pues parecía que en estos días de verano se hacía más complicado alumbrar el preciado líquido. Y en las afueras de la oquedad el sol calentaba cada vez más…

Quien se aventuraba a trabajar en una galería sabía de antemano que las ataduras personales debía dejarlas en la bocamina. Que cuando se atravesaba el umbral de la cavidad y se adentraba en el seno de la montaña, uno se hallaba a su merced. No había cabida para un pensamiento turbador, y eso era asumido por todos los que trabajaban sin descanso para un fin común. Tan solo cuando la atmósfera se volvía lo suficientemente densa como para nublar la vista, el sorbo de agua contenida en una vieja botella de anís mitigaba temporalmente los pesares del inframundo.

De repente, un aroma con toques a cítricos y café comenzó a inundar el túnel; pero eso ya lo sabía el pequeño canario enjaulado que acompañaba a los operarios, pues su agitado aleteo así lo había revelado con antelación.

En ese momento, las tenues luminarias apuntaron al unísono hacia la misma veta de basalto rajado, allí donde un hilillo de humedad rezumaba en el preciso lugar donde la piedra recibió el último golpe. Así, en pocos momentos, un reguerillo turbio dio paso a un espumoso torrente que fue evacuado hacia el exterior a través de una canalización soterrada.

Ya en la bocamina, centenares de personas clamaron al unísono por el nuevo alumbramiento. Esta noche durmieron tranquilos, porque supieron que durante todo el verano tendrían su correspondiente suministro de refresco de cola.

Ahora, hagamos un ejercicio mental, extrayendo el elemento “absurdo” de esta instantánea e intentando dar respuesta a las siguientes preguntas (busca ayuda si lo estimas necesario):

1. A mediados del siglo XVI, las tierras del denominado heredamiento y Mayorazgo de Adeje eran abastecidas por una canalización, aún existente, y que se conoce por el nombre de La Cieca Larga. ¿En qué barranco cercano crees que se surtía?           

2. La apertura en la isla de numerosas galerías y pozos para extraer el agua siempre ha obedecido a la necesidad de asegurar el consumo humano y de abastecer algunos cultivos, sobre todo a partir de finales del siglo XIX. ¿A qué cultivos nos referimos?

3. Si en un primer momento el trabajo en la galería era básicamente manual, con el paso del tiempo se fueron introduciendo herramientas mecánicas que mejoraban, en cierto modo, las duras condiciones de los operarios. Entre ellas destacó un vehículo a motor que desplazaba las vagonetas cargadas de piedras hacia el exterior de la mina. ¿Qué nombre recibía este artilugio? a. Maquinilla; b. Trenecillo; o c. Tren menudo.

4. El agua alumbrada se suele canalizar hacia la bocamina y desde allí se reparte a través de un complejo sistema de distribución realizado, principalmente, con obra de albañilería. En ocasiones, el torrente se hace pasar por un receptáculo compartimentado y de tamaño considerable para que algunas sustancias solubles se decanten poco a poco. ¿A qué materia nos referimos?  a. Barro; b. Sal; o c. Cal.

5. ¿Crees que el agua es un bien abundante en nuestra isla?

Acto seguido, introduce de nuevo el elemento “absurdo”, contesta a las mismas preguntas planteadas, dejando volar tu imaginación.

Ya tienes los ingredientes básicos para crear dos historias: una basada en hechos verídicos y contrastados, frente a otra donde la inventiva cobra protagonismo.

Déjanos la propuesta que quieras y, si te apetece, genera un debate entre tus conocidos.

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