

¿Sabes lo que es el cross-writing o escritura cruzada?
Tidbits
Te mostramos varios fragmentos de una carta enviada el 6 de septiembre de 1904 por Nicolás de Ponte a Patricio Estévanez que, a primera vista, pueden parecer un enigma: dos capas de tinta se cruzan sobre el mismo papel, formando una trama casi imposible de descifrar. No es un error ni un capricho: es cross-writing o escritura cruzada, una técnica de escritura que permitía aprovechar al máximo cada hoja y cada franqueo.
En una carta cruzada, quien escribe llena la página en la dirección habitual; después, gira el folio 90 grados y continúa escribiendo sobre el texto anterior, entre las líneas ya trazadas. El resultado son dos textos superpuestos en ángulo recto sobre una misma superficie.
Hoy, cuando intentamos transcribir estas cartas, su lectura puede resultar caótica e incluso agotadora para la vista. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, esta práctica respondía a una lógica muy práctica: el papel tenía un coste y el envío postal podía encarecerse según el número de hojas. Cada pliego adicional podía suponer un gasto extra. Escribir «en cruz» permitía incluir más contenido sin añadir otra hoja.

¿Por qué Patricio Estévanez recibió una carta así?
Patricio Estévanez fue una figura central del periodismo y de la vida cultural de Tenerife. Fundó el Diario de Tenerife en 1886 y llegó a presidir la Asociación de Periodistas en 1902. Su archivo, conservado en el Centro de Documentación de Canarias y América (CEDOCAM), reúne correspondencia, escritos y documentos que dan cuenta de su extensa red de contactos culturales, políticos y personales.
Esta carta de Nicolás de Ponte, quien fuera alcalde de La Orotava, se inserta en ese contexto. No es solo una misiva privada: es también un documento que nos permite conocer cómo se comunicaban las personas de una época en la que escribir era, a la vez, un acto afectivo, intelectual y económico. El Fondo Estévanez nos acerca así a la historia desde una dimensión cotidiana y humana.
La escritura cruzada fue especialmente frecuente durante el siglo XIX, cuando el coste del papel y del correo hacía que cada centímetro de la página importara. En este tipo de cartas, el remitente priorizaba aprovechar al máximo el espacio disponible, aunque eso dificultara la lectura.
Esta práctica fue decayendo a medida que cambiaron las condiciones económicas y postales y dejó de resultar tan necesario aprovechar cada hoja hasta el límite. Por ello, una carta cruzada de 1904 tiene también un valor de frontera: pertenece a los últimos momentos de una tradición epistolar que estaba desapareciendo progresivamente.
Lo que nos cuenta una carta cruzada
Leer y transcribir estas cartas nos exige un esfuerzo parecido al de separar dos conversaciones que ocurren al mismo tiempo. Para ello, recurrimos a digitalizaciones de alta resolución y a una lectura selectiva de cada dirección de escritura. Aun así, la transcripción sigue siendo una tarea especialmente compleja.
Sin embargo, esta dificultad forma parte de su atractivo. La carta de Nicolás de Ponte no solo contiene palabras: también refleja una decisión material. Nos habla de alguien que tenía mucho que comunicar, que procuraba aprovechar el papel y que consideraba la correspondencia lo bastante importante como para convertir una sola hoja en un pequeño ejercicio de escritura superpuesta.
Las cartas del Fondo Estévanez nos acercan a la vida cultural, política y humana de Canarias entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Dentro de este conjunto, una carta cruzada añade una dificultad y un interés especiales: nos invita a imaginar al remitente inclinado sobre el papel, calculando el espacio, girando la hoja y continuando su mensaje.
En un tiempo de mensajes instantáneos, esta carta nos invita a pensar en la escritura como algo valioso: no por su velocidad, sino por su densidad. Cada línea cruzada es una huella de una época en la que la correspondencia reunía urgencia, amistad, ahorro y el deseo de no dejar nada «en el tintero».
