Museo de Naturaleza y Arqueología
Publicado el 29/05/2020

Artículo de divulgación: «Dos formas de ver y sentir nuestro patrimonio… ¿con qué nos quedamos?», por Mª Candelaria Rosario Adrián

“El hombre inaugura su vida en el archipiélago con el silencio. Y silenciosamente se esparció por la isla y ocupó la tierra. Huellas silenciosas dejó por un lado y otro, testimonios mudos a los que es preciso interrogar” (Luis Diego Cuscoy, 1968).

Estas palabras de Luis Diego Cuscoy nos deben servir para reflexionar sobre si hemos puesto voz a ese silencio y si hemos respondido a los numerosos interrogantes que nos surgen cuando hablamos de los guanches. El patrimonio heredado se extiende libre por todo el archipiélago. En cualquier parte de nuestra geografía podemos encontrar sus vestigios y debemos ser conscientes de su fragilidad, actuando siempre con los instrumentos que permitan garantizar su preservación para el futuro.  

Pero no siempre lo hacemos.

La estación de grabados descubierta en 1980 en Aripe, Guía de Isora (Tenerife), supuso un antes y un después en las manifestación rupestres de nuestra isla. Este interesante yacimiento donde se reconocían por primera vez antropomorfos (figuras humanas) y zoomorfos (figuras de animales), junto con motivos geométricos, permitió incorporar a Tenerife al conjunto de islas (El Hierro, La Palma y Gran Canaria) que ya presentaban estas expresiones en la piedra, sucediéndose, a partir de entonces, el descubrimiento de otros espacios con similares características e incrementándose con los años el corpus de grabados rupestres repartidos por nuestro territorio.

Además, los motivos antropomorfos (Foto 1) localizados en esta comarca del suroeste de Tenerife fueron interpretados por los investigadores como representación de guerreros, algunos con tocados de plumas e incluso portando armas, que recordaban a los guerreros libios documentados en el ámbito sahariano.

Si bien es cierto que en Tenerife se han encontrado otras estaciones con elementos de figuras humanas como la de Risco Blanco (Santiago del Teide) o formando parte de los muros de piedra que separan algunas parcelas agrícolas en el municipio de La Laguna, el yacimiento de Aripe supuso un referente, no solo por ser el primero y el que dio pie al descubrimiento de las numerosas estaciones de grabados que conocemos después de 40 años, sino por lo singular de los motivos que le otorga un carácter excepcional dentro del conjunto de manifestaciones de esta índole en la isla.

Hoy, este legado no puede ser admirado en su totalidad a pesar de que en 1995 fue declarado Bien de Interés Cultural. En 2004 sufrió la destrucción de parte de sus grabados por individuos que parecen no respetar nuestro patrimonio y ante los que nos vemos indefensos ya que es muy difícil el control y la protección de unos enclaves que se encuentran al aire libre, en espacios abiertos, donde es fundamental la concienciación, el respeto y la educación de la población para poder protegerlos y continuar disfrutando de una parte de nuestra historia (Foto 2). Aunque es cierto, y no podemos dejar de mencionar, que todas las administraciones con competencias patrimoniales deben coordinarse y trabajar unidas para proteger, conservar, estudiar y difundir el Patrimonio.

Pero no todo debemos incluirlo dentro de este “saco” de despropósitos y acciones vandálicas pues también se han producido actuaciones dignas de ser valoradas y colocadas en un lugar preferente, sin olvidar que lo correcto sería no tener que valorarlas y señalarlas sino mantenerlas en el anonimato por ser la práctica habitual que debe desarrollar cualquier persona que comprenda, valore y se sienta orgulloso de la herencia de nuestros antepasados.

En este sentido quiero hacer referencia al comportamiento realizado por dos turistas alemanes que disfrutaban de unos días de descanso en la isla y, mientras recorrían una zona de malpaís en Las Cañadas, localizaron un objeto “escondido” entre la lava. Su actuación fue ejemplar pues siguieron el protocolo establecido para cualquier tipo de hallazgo arqueológico: no tocarlo ni actuar sobre él y notificar el hallazgo a las autoridades (Foto 3).

En este caso, sin manipular el material, lo comunicaron al personal del Parque Nacional del Teide que se puso en contacto con la Unidad de Patrimonio del Cabildo y con el Museo Arqueológico de Tenerife para proceder a recuperar la pieza de la forma que establece la ley.

Se trataba de un escondrijo que contenía en su interior un recipiente cerámico realizado a mano, sin decoración, con dos mamelones, a modo de asas, y un pequeño tocón en la parte inferior similar a los aparecidos en los recipientes anfóricos (Foto 4). Los escondrijos se localizan principalmente en áreas de malpaís, particularmente en Las Cañadas, y son espacios que se mimetizan con el entorno. Durante un tiempo se relacionaron con zonas de pastoreo y fueron interpretados como lugares donde el pastor guardaba su ajuar doméstico. Las recientes investigaciones consideran que podrían ser espacios de culto utilizados para colocar ofrendas destinadas a propiciar el control de las fuerzas volcánicas que habitualmente “castigan” algunos sectores de la isla, provocando la destrucción de importantes recursos. La mayor parte de los recipientes cerámicos completos que se encuentran en los fondos del Museo Arqueológico de Tenerife proceden de estos yacimientos y fueron recuperados por sus propios descubridores que los donaron sin llevar a cabo el adecuado y correcto protocolo.

El hecho que hemos descrito presenta la particularidad no solo de su rescate, sino también lo “inusual” de la actuación de quienes la encontraron por lo que debe ser tomada como un modelo que todos debemos imitar, ya que ha permitido que una pequeña parte de la historia guanche que había permanecido oculta cientos de años haya pasado de la mano directa de quién la depositó en esa colada lávica hasta nosotros (Foto 5).

En definitiva, este caso constituye un ejemplo de respeto hacia el Patrimonio cultural de nuestra isla pues los descubridores han dejado a los especialistas la recuperación del objeto que pudo ser documentado, estudiado, conservado y, por último, expuesto para el deleite de toda la población (Foto 6).

Mª Candelaria Rosario Adrián

Conservadora/Arqueóloga del Museo Arqueológico de Tenerife

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