Arqueología de Tenerife

LA ISLA

Comenzamos por tratar las características del medio físico insular en relación a su colonización. El Teide, con sus 3.719 msnm, constituye una excelente referencia náutica que ocupa el centro geográfico de la isla que tiene un perímetro costero desigualmente accesible para el asentamiento humano. Los vientos alisios y la orografía definen una vegetación especialmente densa y boscosa en la vertiente norte. Junto a estos factores, el volcanismo debió constituir una barrera importante que pudo favorecer la organización de asentamientos humanos costeros en un primer momento.

La denominada Piedra Zanata, la pieza que nos introduce en el complejo tema del poblamiento, fue recuperada en un escondrijo de alta montaña. Bajo este término se describe un tipo de yacimiento constituido por depósitos de diferente naturaleza, cerámica, pieles, piedra…, ocultos en pequeñas oquedades lávicas. Su frecuente localización en áreas de malpaís de Las Cañadas del Teide sugiere la relación de estos depósitos con ofrendas rituales realizadas por los guanches para evitar fenómenos adversos derivados de las erupciones volcánicas.

La pieza tiene una inscripción que está escrita en un alfabeto líbico-bereber con características atípicas. La inscripción ha sido leída como ZNT, y de ahí Zanata o Zenete, ya que se trata de un alfabeto consonántico. El término recuerda al etnónimo Zenata, antigua tribu seminómada perteneciente al gran grupo cultural bereber del norte de África.

EL POBLAMIENTO

El poblamiento de un territorio insular presenta características específicas que dificultan establecer una fecha precisa para el asentamiento de sus primeras poblaciones. Este debió ser un proceso complejo que pudo comprender diferentes episodios sucedidos a lo largo del I milenio a. C. y que culminó en un establecimiento humano permanente en las siete islas mayores hacia el cambio de era.

¿Cuáles fueron los motivos que llevaron a poblar definitivamente el archipiélago canario desde el continente africano? Es posible que confluyeran varias motivaciones entre las que las económicas, como ya hemos apuntado, constituirían un factor relevante pero tampoco podemos olvidar las tensiones sociales derivadas de la ocupación púnica y romana de los territorios del norte de África, que pudieron provocar importantes movimientos migratorios de poblaciones bereberes o imazighen hacia Canarias.

La dificultad de establecer contactos regulares con el continente determinó que, de cara al éxito poblacional, los grupos iniciales debieran estar conformados por individuos jóvenes sanos con gran capacidad reproductiva y adaptativa a las nuevas condiciones medioambientales tras su llegada, permitiendo la supervivencia y posterior ocupación del grupo humano por todo nuestro territorio.

La existencia de diferentes ánforas halladas bajo el mar de Tenerife prueba la frecuentación de nuestras costas y el interés hacia Canarias desde tiempos antiguos. Recordemos que las ánforas son grandes recipientes realizados a torno con dos asas y fondo apuntado concebidos para el transporte marítimo de productos alimenticios. A la izquierda podemos ver la parte superior de un ánfora romana de fabricación bética de época altoimperial, realizada entre los siglos I a. C.-s. I d. C. Se trata de un envase muy extendido por todo el Mediterráneo occidental y central, la fachada atlántica y la costa marroquí para el transporte marítimo de conservas pesqueras. Similares a esta ánfora han sido recuperadas recientemente un buen número de ejemplares en el taller romano de producción de púrpura del islote de Lobos.

LA ACTIVIDAD PRODUCTIVA

ECONOMÍA

La alimentación de la población guanche guarda profunda relación con su economía, siendo la ganadería la actividad principal. La cabaña ganadera aborigen comprendía cabras, ovejas y cerdos, animales domésticos que, junto al perro, fueron introducidos en la isla con los primeros grupos humanos. Del ganado obtuvieron una serie de productos que conformaron la base de su alimentación, leche o derivados lácteos y carne, y recursos tan importantes como la piel o el hueso. Los alimentos de origen vegetal obtenidos a partir de la práctica de la agricultura o la recolección terrestre, y de origen marino, como la pesca o el marisqueo, representaron una parte menos importante de la dieta aborigen. Todas estas actividades, como podemos observar, han dejado numerosas evidencias en los yacimientos arqueológicos de la isla.

Los guanches cultivaron cereales y algunas leguminosas, como habas y arvejas o guisantes. El cereal, cebada y trigo, se tostaba y trituraba en molinos de piedra circulares dando lugar al gofio. Además del consumo de dátiles de palmera, los guanches conocían otras especies no autóctonas como la vid y la higuera. Frutos como el mocán, con el que hacían una especie de miel conocida como chacerquén, o los piñones, entre otros, también aportaron azúcares a la dieta. Aún hoy podemos reconocer en nuestros litorales rocosos numerosos concheros en donde se encuentra una gran acumulación de caparazones de moluscos, lapas y burgados fundamentalmente. Los primeros habitantes de Tenerife pescaban en charcos especies, como las viejas, que viven en fondos rocosos litorales. Grandes anzuelos realizados a partir de los cuernos de cabra pudieron ser empleados como bicheros para capturar pulpos o morenas.

En ausencia de otros métodos de conservación, la sal se convirtió en un elemento necesario para alargar la vida de los alimentos y permitir su consumo en zonas alejadas de su origen. La sal, además, ha sido empleada tradicionalmente en el proceso de curtido de la piel.

MANUFACTURAS

Las tecnologías empleadas por los aborígenes en la elaboración de sus manufacturas y la variedad de artefactos construidos son resultado de diversos factores: los recursos naturales disponibles, el bagaje cultural del grupo y su capacidad para crear e innovar en un nuevo medio como resultado de su adaptación.

La arqueología experimental reproduce, a partir de la investigación y la experimentación actuales, las técnicas y conocimientos aplicados por las sociedades del pasado en la fabricación de los diversos utensilios empleados en sus actividades cotidianas. El objetivo es conocer el grado de complejidad que encierra cada uno de los procesos productivos y su significado dentro de la estructura socioeconómica del grupo que los desarrolla: desde la captación de la materia prima hasta la finalización y el uso de los objetos en las tareas asignadas. Con esta finalidad, en los cuatro vídeos situados en el plano superior de esta sala reproducimos el trabajo desarrollado por los guanches en la realización de diferentes objetos de cerámica, piedra, hueso y piel.

La cerámica constituye una de las tradiciones más perdurables en las sociedades preindustriales entre las que el aprendizaje de las diferentes habilidades se realiza en el seno familiar. Entre las razones del gran número de hallazgos de cerámica en los yacimientos arqueológicos insulares se encuentra su utilidad, la producción de recipientes de cocina y almacenaje o destinados a participar en celebraciones rituales y religiosas, pero también la gran resistencia que tiene el barro cocido al paso del tiempo.

El trabajo de la piedra constituyó una respuesta adaptativa eficaz y alternativa frente a la inexistencia de minerales metálicos en las islas. Con el basalto y otros materiales de grano grueso, cuyas canteras se distribuyen de forma abundante por toda la geografía insular, realizaron diferentes herramientas empleadas en tareas cotidianas como el sacrificio y despiece de animales, la molienda de diversos granos, el trabajo del hueso, la piel, la madera o las fibras vegetales. Las tabonas son pequeñas piezas obtenidas a partir de núcleos de obsidiana. La talla de este vidrio volcánico negro y brillante que se encuentra preferentemente en zonas de alta montaña de Tenerife proporciona lascas y láminas de filos vivos y cortantes muy efectivos.

El hueso se obtenía del esqueleto de los animales domésticos, pero también de las espinas y vértebras de peces y de las conchas de moluscos que cortaban, tallaban y pulimentaban con herramientas líticas. De la cabra aprovechaban especialmente los huesos de las patas para realizar afilados punzones, agujas o espátulas que luego se aplicaban en el trabajo de las pieles, las fibras vegetales o la cerámica. Otras pequeñas piezas muy pulimentadas, como los tubos y cuentas de hueso, parecen responder a elementos de adorno. Con los cuernos de la cabra elaboraban anzuelos o punteras para bastones pero también nos dicen los cronistas de la conquista europea que se usaban en las tareas agrícolas.

A pesar de que la piel es un tipo de materia orgánica muy sensible, nuestro museo conserva excepcionales ejemplos de pieles trabajadas por los guanches, halladas generalmente en cuevas funerarias. Las descripciones de los europeos llegados a la isla a finales del s. XV relatan la destreza observada en el tratamiento de la piel, sobre todo si tenemos en cuenta que el metal no está presente entre el instrumental utilizado. Algunas de las pieles presentan decoración y, como podemos apreciar, han sido remendadas, lo que indica el aprovechamiento de la materia prima y su completa amortización.

MODELOS DE ASENTAMIENTO

Las zonas de costa y medianías de Tenerife han constituido, desde el primer momento y hasta la actualidad, los lugares elegidos por los grupos humanos para vivir de forma preferente, como podemos apreciar en este gran mapa que ofrece cuatro itinerarios distintivos que se distribuyen por toda la geografía insular. Hay que destacar que el fuerte desarrollo urbanístico conocido en las últimas décadas ha influido negativamente en la conservación de construcciones aborígenes superficiales. De esta forma, es la cueva el modelo de vivienda más conocido mientras que la cabaña está representada en menor proporción.

Las cuevas se concentran en las laderas de los barrancos y en los acantilados costeros. En su elección como lugares para vivir intervienen factores como la amplitud de la cavidad o la accesibilidad a los diferentes recursos, agua y pastos fundamentalmente. Estas condiciones caracterizan a Los Cabezazos (Tegueste), en el noreste de Tenerife, cueva ocupada desde el s. VI d. C. y que podemos ver en la maqueta.

Las cabañas, como también observamos en este ejemplo de Ifara (Granadilla), en el sur, están construidas con bloques de piedra seca, sin empleo de mortero, y tienen forma circular u ovalada. Pueden estar aisladas o formar conjuntos. Aunque no han quedado evidencias, el techo podía estar cubierto por pieles, maderas o ramajes. La escasa altura de los muros y las pequeñas dimensiones de sus plantas nos indican que las actividades domésticas se realizarían, en su mayoría, al exterior de la vivienda.

Un tipo de construcciones de superficie frecuente en Las Cañadas del Teide, área de alta montaña con duras condiciones climáticas que dificultan la permanencia humana durante todo el año, parece tener un carácter estacional vinculado a la práctica ganadera o a la explotación de recursos líticos. Tienen plantas muy irregulares y muros de escasa entidad que aprovechan las formaciones rocosas naturales sobre las que se apoyan.

Una de las partes más importantes de la vivienda era el hogar. Las actividades cotidianas se realizaban en torno al fuego, elemento necesario para preparar los alimentos, calentarse en invierno o proporcionar iluminación durante la noche. Generalmente se construía con piedras dispuestas en círculo. El estudio de los hogares aborígenes es especialmente interesante para la investigación arqueológica puesto que en su entorno se concentran gran parte de detritus que nos permiten inferir la composición de la dieta y sus diferentes procesos de transformación. La carbonización ha posibilitado la identificación de semillas y frutos que de otra forma no hubiesen dejado huella. De esta forma también se han podido determinar algunas de las especies madereras empleadas como material de combustión o constructivo en el pasado, ayudando a reconstruir el paisaje original y su transformación a lo largo del tiempo.

ORGANIZACIÓN SOCIOECONÓMICA Y TERRITORIAL

Cuando a finales del s. XV se produce la conquista castellana, la isla estaba dividida en nueve reinos o menceyatos: Anaga, Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icode, Daute, Adeje, Abona y Güímar, desconociendo si esta división territorial sufrió alguna evolución a lo largo del tiempo, como es previsible. A la cabeza de cada menceyato se encontraba el mencey, representado por su añepa, símbolo de poder que podemos ver en estas reproducciones. Las distintas comunidades que viven en estos territorios forman extensos grupos de parentesco de descendencia común y estructura jerárquica. Los menceyatos se distribuyen por la superficie insular de forma radial y se extienden de costa a cumbre para aprovechar tanto los recursos litorales como los distintos pisos vegetales del medio natural. La zona central de alta montaña que hoy conocemos como Las Cañadas del Teide constituyó un espacio común que permitió a todos los menceyatos hacer uso de esta gran reserva de pastos y recursos durante la estación más seca o en momentos de escasez. Sin embargo, a pesar de esta estrategia colectiva, según indican los textos escritos y ciertas evidencias como la existencia de un buen número de fracturas craneales violentas, las relaciones entre los distintos grupos humanos debieron terminar a menudo en peleas y enfrentamientos por transgredir los límites territoriales con el objetivo de proveerse de diferentes bienes o recursos.

CREENCIAS RELIGIOSAS: LA VIDA Y LA MUERTE

La manifestación del culto religioso se sirve de elementos simbólicos que no siempre dejan evidencia material. Los guanches no tenían templos en un sentido estricto, pero sí realizaban ofrendas y diversas prácticas ceremoniales en espacios naturales con valor de culto. Eran animistas, como los imazighen, otorgando facultades vitales a algunos elementos del paisaje, como montañas o árboles, o astrales. Sabemos por las narraciones que los guanches adoraban al sol, el ser supremo o divinidad superior, a la luna y las estrellas. El Teide fue morada de Guayota, el espíritu maligno que manifestaba su poder mediante devastadoras erupciones volcánicas. La invocación a estos seres garantiza la protección del grupo frente a las manifestaciones adversas de la naturaleza.

Existen algunos objetos que por su singularidad pueden relacionarse con el mundo de las creencias y que pudieron participar en esas ceremonias propiciatorias. Bajo el término “ídolo” se encuentran ciertas figuras de pequeño tamaño realizadas en barro o piedra y que no encajan dentro de las formas frecuentes observadas dentro del repertorio arqueológico. En otras ocasiones, atribuimos un papel ritual a piezas que son conocidas habitualmente en un contexto doméstico pero tienen un tratamiento particular o carecen de huellas de uso, alejándolas de su funcionalidad diaria, como el molino de piedra inusualmente decorado que podemos contemplar.

La existencia de ajuares funerarios y el cuidado amortajamiento del cadáver probablemente reflejan entre los guanches una profunda creencia en una vida posterior a la muerte. Con la utilización de parihuelas o chajascos se busca evitar el contacto del cadáver con la tierra, simbolizando la separación entre ambos mundos. En la parte superior, sobre la última vitrina podemos ver un buen ejemplo de estos tablones de madera. Presenta perforaciones laterales para fijar el cadáver mediante cuerdas o correas y llevarlo hasta la cueva funeraria, lugar donde se depositan los cuerpos junto a su ajuar, generalmente muy escaso y compuesto por collares de cuentas de barro, recipientes cerámicos, punzones de hueso o alguna pieza lítica.

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