

La laurisilva, el bosque que sobrevivió al tiempo y «bebe» de las nubes
Día Internacional de los Bosques
La laurisilva canaria es una auténtica reliquia viviente de las selvas subtropicales que cubrían el sur de Europa durante el Terciario. Este bosque logró sobrevivir a las glaciaciones refugiándose en las medianías de las islas, donde los vientos alisios favorecen la formación del mar de nubes y la dominada lluvia horizontal. Este fenómeno crea un ambiente estable, húmedo y sin heladas, esencial para mantener un ecosistema siempre verde.
Conocido en su conjunto como monteverde, este bosque denso está dominado por árboles de hoja ancha como el laurel, el til, el viñátigo y el barbusano, acompañados de fayas y brezos. En su umbrío sotobosque destaca un elemento clave, los musgos y hepáticas (briofitos). Estas pequeñas plantas actúan como «esponjas vivientes» que maximizan la captación de agua de la niebla, protegiendo el suelo y recargando de forma decisiva los acuíferos subterráneos.
Esta exuberante red vegetal da cobijo a una biodiversidad faunística excepcional. El bosque es el hogar de una altísima variedad de invertebrados y de joyas ornitológicas únicas en el mundo, como las palomas endémicas. Estas aves no solo habitan la fronda, sino que actúan como auténticos «jardineros» del ecosistema, encargándose de dispersar las semillas y garantizar la regeneración natural.
En el contexto del lema «Bosques y economía» del Día Internacional de los Bosques, la historia de la laurisilva ha dado un giro radical. Mientras que tras la conquista el bosque fue diezmado para extraer madera y alimentar los ingenios azucareros, hoy sabemos que su verdadero valor económico reside en los incalculables servicios ecosistémicos que ofrece. El agua que capta sostiene nuestra agricultura y abastece a la población, además de ser un motor indispensable para el ecoturismo y el desarrollo sostenible.
A pesar de contar hoy con fuertes medidas de protección legal frente a la tala, el ecosistema se enfrenta a graves amenazas modernas, destacando el cambio climático (que pone en riesgo su vital mar de nubes), las especies exóticas y la recolección ilegal. Frente a estos retos iniciativas de investigación y divulgación resultan fundamentales para garantizar su conservación a largo plazo, algo esencial para asegurar que este tesoro milenario sobreviva para las futuras generaciones.
