Centro de Documentación de Canarias y América
16/07/2015

Intemporales: “Carta abierta por Juan Verdades”

En el Intemporal del CEDOCAM de esta semana hemos seleccionado un poema satírico del interesantísimo Fondo Estévanez, un fondo constituido fundamentalmente por documentación manuscrita de tipología diversa y contenido heterogéneo que se refieren a los aspectos vivenciales de Nicolás y Patricio Estévanez así como de su entorno social, político y cultural y que constituyen una fuente primaria de información. El poema está firmado por Juan Verdades, seudónimo que se atribuye a Juan de Urquía y Redecilla, un militar, político y periodista canario. En 1900, fundó el diario La Patria. Fue diputado por el Partido Conservador en las elecciones por la isla de El Hierro en las elecciones generales de España de 1923.

Transcripción del poema

Carta abierta

Carta que puede leer

todo el que quiera saber

como se vive en Canarias,

pues tiene noticias varias

y hay tela donde escojer [sic]

Mi querido don Patricio:

yo estoy ya fuera de quicio

y el día menos pensado

me arrojo en un precipicio

o me tiro de un tejado;

pues gano cincuenta duros

al mes, y son mis apuros

tan grandes y continuados

que siempre tengo seguros

los aumentos de mis fiados.

Le estoy debiendo al casero

tres meses, y el muy grosero,

que es un hombre decidido,

me dijo ayer: caballero,

o me paga o lo divido.

Después llegó la lechera

y me armó una escandalera

de las de marca mayor,

diciéndome que saliera

para hablarle a un celador.

Luego vino un dependiente

del comerciante de enfrente

que me venía fiando,

y me dijo: es muy urgente

que me pague o lo demando.

Con tipos de este jaez,

todos a cual más soez,

yo no gano para sustos,

y si me llevan al juez

van a matarme a disgustos.

¡Cuántos apuros, Dios mío!

Metido en un feo lío

estoy sin saber qué hacer.

Todos dicen: no te fío,

y no tengo que comer.

Yo no sé como estirar

el sueldo para pagar

a tantos acreedores,

y ¡cualquiera va a lograr

contener a estos señores!

Mi mujer dice asustada

que no trae la criada

la comida más precisa

(y es una muchacha honrada

que no conoce la sisa)

Las pescadoras ladinas

ya no venden las sardinas

sino a dos por perra grande.

Quite usted después espinas

y se queda muerto de hambre.

Creí que "La Pesquería

de Tenerife" sería

la que diera tan barato

el pescado, que algún día

no lo quisiera ni el gato;

mas no se lo que ha pasado

con el dichoso pescado

del vivero. Mi criada

va a comprarlo en el mercado

y siempre vuelve... sin nada.

Los carniceros no dan

el peso en la carne. Están

creyendo que somos necios,

y todos los días van

aumentándonos los precios.

Los huevos de Mogador,

aún sin ser de lo mejor,

pueden irse consumiendo;

mas cuando falta un vapor

de esos que los van trayendo

¿quién se atreve a consumir

huevos, si le han de pedir

una peseta por cinco?

¡Señor, esto no es vivir,

es ayunar con ahinco!

Sin la leche ni el asado,

sin los huevos ni el pescado

¿cómo se puede comer?

Estoy ya desesperado,

sin saber lo que he de hacer.

¿Para qué hablar del jamón,

del queso y del salchichón?

¡Eso ya son gollerías!

Comeré cherne, escaldón,

tollos y otras... chucherías.

¿Quién comete el desatino

de atreverse a beber vino

a nueve perras cuartillo?

Sería perder el tino

o hacer la guerra al bolsillo.

¿Y el carbón? ¿Por qué razón

hoy es más caro el carbón?

¿No le cuesta al carbonero

lo mismo? ¡Pues ganas son

de sacarnos el dinero!

Del plátano y el tomate

considero un disparate

decir algo; pues sería,

Don Patricio, gran dislate

cometer la tontería

de pedir a los señores

cosechero-esportadores [sic]

que vendan en esta tierra

sus frutos, sin son mejores

los precios en Inglaterra.

Ante una libra esterlina

se acaba toda mi inquina:

si yo tuviera dos mil

no estaría ahora en berlina

esperando... un alguacil.

Y no hablo aquí de otras cosas,

muy malas y muy costosas,

porque sería una lata

de esas tristes y espantosas

y metería la pata.

Creí que El Independiente

al escribir diariamente

tratando de susbsistencias,

conseguiría realmente

un cambio; mas son demencias

pensar en la solución

del problema. La opinión

del público en este asunto

es aguantar el sofión

y no ocuparse del punto.

¿Qué se queja usted? ¿Y qué

saca con quejarse usté,

si nadie lo ha de escuchar?

Aquí por lo que se ve

nos tenemos que callar.

Yo estoy más que convencido

de que en el primer descuido

que tenga, voy a comer

a la cárcel, pues no olvido

las amenazas de ayer.

Don Patricio, le suplico,

aunque poco significo

en esta culta ciudad,

que todo lo que aquí esplico [sic]

diga usted que es la verdad;

porque pudiera ocurrir

después de tanto sufrir

que me arrimasen un palo

por atreverme a decir

que aquí todo está muy malo.

Es cuanto por hoy le digo,

y no se enfade conmigo

porque hable con claridades

pues sabe tiene un amigo

en el pobre

Juan Verdades

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