

Lo que revela un documento
Introducción
Las prácticas formativas representan una etapa esencial en el proceso de aprendizaje de los futuros profesionales. Constituyen un excelente espacio donde el conocimiento adquirido en el aula se encuentra con la realidad cotidiana del trabajo, permitiendo desarrollar competencias, actitudes y un sentido más profundo de la responsabilidad profesional. En el Centro de Documentación de Canarias y América (CEDOCAM), valoramos especialmente la presencia de estudiantes en prácticas porque su mirada fresca, curiosa y comprometida enriquece nuestro quehacer diario, aportando nuevas perspectivas y fomentando una dinámica de aprendizaje mutuo. El trabajo que presenta nuestra alumna en prácticas del Grado de Español de la Universidad de La Laguna, Belén Pérez Marante, surge precisamente de esa interacción entre formación y experiencia. Su análisis refleja una comprensión creciente del papel fundamental que desempeñan las colecciones documentales dentro de cualquier institución o comunidad. Estas colecciones no solo albergan documentos físicos o digitales, sino que contienen la memoria viva de nuestra historia y la base desde la que se puede construir conocimiento y garantizar la continuidad de las acciones a lo largo del tiempo. Así, poner en valor las colecciones documentales implica reconocer su función educativa, cultural y patrimonial. Cuidarlas, organizarlas y estudiarlas es una forma de cuidar también nuestra identidad colectiva. Belén, a través de su mirada analítica y su trabajo en el centro, ha contribuido a destacar esta importancia, despertando un interés renovado por entender las prácticas documentales no como una rutina técnica, sino como una tarea profundamente humana que conecta pasado, presente y futuro.

Colección Roldán
Documento 407
Carpeta 11
Si hoy paseamos por la calle Obispo Rey Redondo de la ciudad de La Laguna, es muy probable que nos llame la atención una construcción con fachada rojiza. Estaríamos delante de la Casa del Corregidor, un edificio erigido entre 1540 y 1545 y que durante muchos años cumplió la función de residencia oficial de los representantes de La Corona en Tenerife. Por tanto, no es de extrañar que durante varios siglos fuera el centro administrativo y gubernamental no solo de la ciudad, sino de toda la isla. Ahora bien, es muy probable que cuando nos detengamos en su observación, nunca lleguemos a imaginar que este antiguo edificio de gobierno contenía en su interior lo que fuera la cárcel de San Cristóbal de La Laguna. Gracias a los estudios arqueológicos que se están llevando a cabo impulsados por la Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de La Laguna, hemos podido saber de la existencia de este calabozo con forma abovedada que fue construido a la vez que la casa que lo rodea, es decir, a mediados del siglo XVI. Las investigaciones realizadas por el equipo encargado del proyecto han comenzado por la consulta de archivos y documentos de la época que certifican la existencia de una cárcel en la ciudad. De esta forma, y una vez más, podemos comprobar la importancia que tienen los archivos históricos para la reconstrucción de un patrimonio culturalmente rico, especialmente en una ciudad como La Laguna. Como indican las investigaciones, esta cárcel estuvo vigente y en pleno funcionamiento desde el siglo XVI hasta los años 70 del siglo XX, pero ahora nosotros debemos situarnos en el siglo XIX. Según señala una orden de búsqueda manuscrita encontrada entre los numerosos documentos de la Colección Roldán, el día 4 de agosto de 1845 el celador de esta cárcel, Andrés Roselló, envió un comunicado al resto de celadores y “agentes de protección y seguridad pública” de la isla de Tenerife. En este comunicado, sellado por la Comisaría de Protección y Seguridad Pública de la Capital de Canarias, Roselló informaba de la fuga de un preso de la cárcel de La Laguna, acontecida el 23 de julio. Este prófugo de la justicia era Pedro Antonio María Santana. De este hombre poco hemos podido averiguar más allá de lo que el propio celador expresa en el documento, donde dice que Santana había sido detenido en agosto de 1844 mientras encalaba “varias casas de esta vecindad”. Esto nos puede dar pequeñas pistas del oficio de este prisionero, mas no podemos saber cuál o cuáles fueron sus delitos para acabar privado de libertad. La documentación que ha servido para investigar sobre la antigua cárcel revela que durante siglos los presos fueron de distinta índole, desde nobles contrarios a Fernández de Lugo o piratas que pararon en Tenerife buscando fortuna hasta campesinos rebeldes o delincuentes comunes. Sea como sea, no podemos saber de las faltas de Pedro Antonio María Santana, pero lo que sí podemos especular es que se trataría de un ciudadano común que habría cometido alguna vulneración de la ley de la ciudad. Aunque aún no sabemos cómo concluye esta interesante historia, lo que está claro es que la única forma de averiguarlo y de descubrir nuevas anécdotas será gracias a los archivos, documentos y cartas que nos ayudan a reconstruir nuestra historia.
Fuentes consultadas
--El proyecto de la antigua cárcel de La Laguna. (2025). Ayuntamiento de La Laguna. Disponible en internet
--Millares, Yuri. (2024). El edificio más antiguo de La Laguna fue cárcel cuatro siglos. Revista Pellagofio. Disponible en internet
--Comienza el estudio de la antigua cárcel de La Laguna, que data del siglo XVI. (2022). Redacción RTVC. Disponible en internet
