Registro de salida: «Guía turística “Tenerife”»

Registro de salida

Este término, muy habitual en el argot del mundo de los museos para indicar que las piezas se mueven (del almacén o las salas expositivas hacia otro lado), lo usamos ahora desde el Museo de Historia y Antropología de Tenerife para hacerte llegar digitalmente algunos de sus fondos.
 
 

Guía turística “Tenerife” [12. 1995. 564]


De pequeñas dimensiones -16 x 12 cm-, “Tenerife” es una de las muchas guías que formaban parte de la primigenia colección de libros de viajeros y guías turísticas del Museo de Historia de Tenerife, la cual, a su vez, se ha ido integrando paulatinamente en la colección de Turismo del Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHA), museo resultante de la fusión materializada en el año 2008 entre el mencionado Museo de Historia y el Museo de Antropología.

Editada a mediados de la década de los 40 del siglo pasado por la Junta Insular de Turismo, organismo dependiente del Cabildo de Tenerife, y publicada en las mismas fechas por Litografía Romero, “Tenerife” es un documento paradigmático en tanto en cuanto revela la estrategia de las autoridades de Tenerife para recuperar el turismo extranjero que se fue perdiendo en el periodo comprendido entre la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. De ahí que fuera editada en castellano, inglés y alemán. El turismo germano se fue implantando paulatinamente en Tenerife durante las primeras décadas del siglo XX y se fue equiparando al británico, el cual prácticamente tuvo el monopolio de la actividad en el último tercio del siglo XIX. La presencia de la Junta Insular de Turismo de Tenerife en aquellos momentos consolidaba al gobierno insular como gestor de la actividad turística, plasmando una filosofía implantada al respecto muchos años antes en el ámbito nacional durante el gobierno liberal de Montero Ríos con la creación de la Comisión Nacional para el Fomento (1905), la cual planteaba que la actividad turística debía desarrollarse al amparo de la administración.

“Tenerife” es una guía cuyo objetivo principal es fomentar un excursionismo que permita al turista recrearse en las bellezas naturales, respondiendo al tradicional patrón del reclamo de clima y paisaje. De ahí que su párrafo introductorio sea ya toda una declaración de intenciones: “…Tenerife […] fue anexionada a la corona de Castilla en 1496 […] La fundación de casi todas sus villas y lugares datan de aquella época. No hay por tanto que esperar grandes monumentos históricos o arqueológicos; pero esta relativa pobreza monumental es largamente compensada por la maravillosa bondad de su clima y por sus bellezas naturales…”. Las referencias a un paisaje de belleza sin par a veces son complementadas por los vestigios de una acción antrópica que es interpretada en las claves del más puro tipismo y pintoresquismo. Sin ir más lejos, la ilustración de la portada de la guía representa una “típica” casa canaria, firmada por Francisco Bonnín Guerín, afamado acuarelista especializado en captar estampas bajo la mencionada orientación estética. El tipismo insinuado por Bonnín tiene su prolongación en una serie compuesta por dieciséis imágenes que se intercalan con el texto - fotografías en blanco y negro - de las que lamentablemente no conocemos su autoría pero que, siguiéndose la moda de la época, a buen seguro que fueron realizadas por un fotógrafo de prestigio: “Campesina confeccionando harneros”, “El drago milenario de Icod”, “Patio canario”, …son algunos de los títulos de unas imágenes que refuerzan la idea de tipismo ya vislumbrada en los textos.

“Tenerife”, igualmente, como la mayoría de las guías locales que fueron publicadas durante este periodo, incorpora en su contraportada un mapa que renuncia al carácter científico que se le presupone a este tipo de representación en favor de las necesidades del reclamo turístico. En cualquier caso, conserva la utilidad de representar de manera sintética el territorio y los servicios más dignos que pueden ofrecerse al turista. En primer lugar, los destinos más apetecibles para el excursionista, como es el caso de las poblaciones de La Laguna, Santa Cruz, Tacoronte, La Matanza, la Victoria, Santa Úrsula, la Orotava e Icod, y de parajes naturales excepcionales entre los que se encuentran el Valle de la Orotava, Las Cañadas y el Monte de las Mercedes. En segundo lugar, las comunicaciones en forma de puerto (el puerto de Santa Cruz de Tenerife) - indicándose el destino y la duración de los viajes dentro una vasta variedad de rutas: La Habana, Nueva York, Madeira, Londres, Lisboa, Dakar, Sidney, Buenos Aires y Pernambuco -, carreteras - representándose exclusivamente la carretera general del norte de la isla - y aeropuertos, figurando ya el aeropuerto de Los Rodeos, aunque no hay mención alguna en lo que a rutas y conexiones aéreas se refiere. En tercer lugar, el ámbito institucional, con una esquemática pero reconocible imagen del Palacio Insular proyectado por José Enrique Marrero Regalado, inaugurado en 1940 para convertirse en la sede permanente del Cabildo de Tenerife.

Como sucede con otros tantos folletos, postales y guías turísticas pertenecientes a la colección de turismo del MHA, “Tenerife” no debe verse únicamente como una ingenua guía al uso pensada para la recreación estética sino que, además, debe interpretarse como un documento paradigmático del cronotopo histórico donde se plasma una visión concebida por y para el turismo que es fiel reflejo del peso de una tradición iniciada desde el siglo XVIII en la que, uno tras otro, los viajeros describían muchas veces las Islas que querían ver en lugar de las que veían.

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