Registro de salida: «Edición príncipe del Arte para fabricar, fortificar y apareiar naos»

Registro de salida

Este término, muy habitual en el argot del mundo de los museos para indicar que las piezas se mueven (del almacén o las salas expositivas hacia otro lado), lo usamos ahora desde el Museo de Historia y Antropología de Tenerife para hacerte llegar digitalmente algunos de sus fondos.
 
 

Hoy: Edición príncipe del Arte para fabricar, fortificar y apareiar naos [12. 1995. 45]


En una de las vitrinas de la exposición permanente del Museo de Historia y Antropología de Tenerife (en su sede de la Casa Lercaro) puede contemplarse un libro de reducidas dimensiones (21 x 30 cm, abierto). Nos referimos al Arte para fabricar, fortificar y apareiar naos de gverra y merchante; con las reglas de archearlas: reduzido a toda Cueta y Medida: y en grande vtilidad de la Navegación [de aquí en adelante, Arte para fabricar …], de Tomé Cano.

Su vinculación al discurso museográfico en el apartado en el que se exhibe debe explicarse porque en el mismo, además del estudio del desarrollo institucional canario y de su integración en la modernidad, se aborda sintéticamente el tema Canarias-América, introducido con un párrafo de Rumeu de Armas (extraído de su artículo “Crónica: actividades del patronato de la Casa de Colón”, publicado en 1958, en el nº 4 de Anuario de Estudios Atlánticos) que dice así: “Canarias deja de ser el finis terrae del viejo mundo para convertirse en la primera terra del nuevo, y en puente de unión entre ambos continentes”. Dicha reflexión se ha convertido en un clásico, a tenor de la cantidad de veces que ha sido citada en diferentes estudios. El nexo entre Canarias-América y la obra de Tomé Cano debe buscarse entonces en la condición de piloto de la Carrera de Indias del autor, como también lo fueron su padre y su abuelo, hecho probado en un artículo de Cioranescu publicado en la Revista de Historia (1954). Este mismo hecho, sin embargo, ha condicionado las interpretaciones dadas a lo largo de los años sobre el libro de Cano.

La edición que se expone en el Museo fue editada en Sevilla en 1611 por Luis Estupiñán en su taller de la calle de Las Palmas, impresor que, paradójicamente, se hizo célebre en el gremio no por editar libros científicos, sino por dar a conocer literatura religiosa. De hecho, entre los ochenta y seis impresos que se le atribuyen a su taller solo otro más se adhiere al campo de la técnica. Nos referimos al Breve compendio de la carpintería de lo blanco, obra firmada por Diego López de Arenas y muy valorada en su tiempo. El interés que despertó el Arte para fabricar… hizo que viera la luz muy pronto una nueva edición madrileña, en 1611, a cargo de Díaz de la Carrera. La primera noticia que se tiene en Canarias sobre la presencia de la obra de Cano la encontramos en septiembre de 1928 cuando se inaugura la “Exposición del libro canario”, que tuvo lugar en San Cristóbal de La Laguna con motivo de las Fiestas de Septiembre. Dicho evento fue presidido por el bibliógrafo Manuel de Ossuna y Benítez de Lugo, propietario de un ejemplar de 1611, tal como nos recuerda en el prólogo de una nueva edición de la obra de Cano - llevada a cabo en 1964 por el Aula de Cultura de Tenerife - Enrique Marco Dorta: “El libro [Arte para fabricar…] es sumamente raro hoy. Hace más de un cuarto de siglo - cuando no podía imaginar que, andando el tiempo, fuese a caer sobre mí la tarea de reeditarlo - conocí el único ejemplar del que se tiene noticia en las Islas Canarias, existente en la biblioteca del ilustre hijo de La Laguna D. Manuel de Ossuna y Benítez de Lugo”. De este “único ejemplar” existente en Canarias nada más se supo hasta que, en 1993, el Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife (OAMC) materializó una edición facsímil utilizando como modelo el mismo ejemplar consultado en su momento por Marco Dorta. El por aquel entonces presidente del OAMC proclamaba con orgullo que “nuestra aportación no es sino un complemento de aquella [edición de 1964] para que podamos tener la obra tal como fue impresa en Sevilla en 1611 y, de esta manera, iniciar, al abrigo del Museo de Historia, el rescate de todos aquellos libros y autores canarios de interés para la Historia de Canarias”. En ese mismo año de 1993, un donante anónimo donó un ejemplar del Arte para fabricar…, al por aquel entonces Museo de Historia de Tenerife. ¿Hablamos del mismo ejemplar que en su momento perteneció al bibliógrafo Ossuna? Todo parece indicar que sí.

El Arte para fabricar… se estructura en cuatro capítulos que se desarrollan a lo largo de 61 páginas y, a pesar de su carácter eminentemente técnico, sus contenidos son expuestos a modo de un diálogo continuado protagonizado por el propio Tomé Cano y dos personajes más, Gaspar y Leonardo, los cuales no ha podido identificarse si son reales o imaginarios, mientras navegan “Río Guadalquivir abaxo”. Durante el transcurso de dicho recorrido a dichos personajes les da tiempo para reflexionar sobre diversos aspectos: la navegación del Mundo Antiguo; las cotas o medidas estándares a implantar en la construcción de barcos frente a la ausencia de criterios a este respecto existentes en su tiempo; el conflicto existente entre la monarquía y los particulares en el complejo proceso de fabricar los barcos; la difícil adaptación de unas nuevas medidas propuestas, más bien concebidas para los barcos de guerra, en los barcos mercantes; o la terminología identificativa para los distintos elementos a utilizar en la construcción de un barco.

La introducción de la técnica del diálogo por parte de Tomé Cano debe verse en el contexto del interés por parte del autor de hacer accesible una materia que hasta ese momento solo dominaban los especialistas, compendiando las preocupaciones debatidas a diario en instituciones como la Universidad de Mareantes de Sevilla a la que pertenecía Cano: organización de flotas y galeones, organización y control sobre gremios como el de los calafates o fabricantes de jarcias, fomento de la construcción naval nacional, etc.

A pesar de lo reiterado por autores como Francisco Morales Padrón en El comercio canario - americano (siglos XVI, XVII y XVIII) o Enrique Marco Dorta en el prólogo de la edición del Arte para fabricar… ya aludida, la obra de Tomé Cano no debe vincularse exclusivamente a la Carrera de Indias, pues de su contenido se deduce que sintetiza el estado de la cuestión de la navegación de su tiempo aportando una serie de propuestas técnicas para resolver los puntos más débiles que habían sido detectados. Propuestas que, por otro lado, no son tan originales. El hecho que dedicara su libro a don Diego Brochero de Anaya, el máximo responsable en las políticas navales del reinado de Felipe III, no debe verse como una mera anécdota, sino como una ratificación de las políticas que, en materia naval, estaban en liza en aquellos momentos.

El Arte para fabricar… es una rareza que, además de atraer a los bibliófilos, se encuentra entre los ejemplares que integran la colección bibliográfica y documental del Museo de Historia y Antropología de Tenerife y que permite contextualizar toda una época.

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