

El saber hacer del jabón: un tesoro del fondo antiguo del CEDOCAM
Tidbits
Entre las obras conservadas en el fondo antiguo del Centro de Documentación de Canarias y América (CEDOCAM), se encuentra un pequeño testimonio de enorme valor para comprender los oficios, la vida cotidiana y los conocimientos técnicos de otra época: el Manual del jabonero y fabricación de jabones, de Blas Sales y Seguí, publicado en Barcelona por el editor Manuel Soler.
Hoy abrimos sus páginas para acercarnos a un oficio que durante siglos fue esencial. Antes de que el jabón llegara a los hogares en formatos industriales, envuelto y etiquetado, su elaboración exigía experiencia, paciencia y un conocimiento preciso de las materias primas y los procesos químicos.
El jabonero no solo fabricaba un producto de uso cotidiano, su trabajo contribuía directamente en la higiene doméstica, el lavado de la ropa y el cuidado de numerosos objetos y espacios. Elaborar jabón suponía transformar grasas y aceites mediante técnicas que combinaban tradición, observación y práctica continuada.
El manual de Blas Sales y Seguí recoge ese conocimiento especializado: fórmulas, procedimientos y recomendaciones destinadas a quienes se dedicaban a la fabricación de jabones. Es, por tanto, una ventana a la transmisión del saber profesional, cuando aprender un oficio dependía en buena medida de la experiencia compartida y de la consulta de textos como el que presentamos. En sus páginas late una idea muy actual: detrás de los objetos más cotidianos hay personas, materiales, procesos y conocimientos que merece la pena reconocer.
La fabricación artesanal del jabón ha recuperado protagonismo en los últimos años, vinculada al consumo responsable, la reutilización de aceites y el interés por productos locales y de proximidad. Mirar este manual desde el presente permite descubrir que muchas de esas inquietudes tienen raíces profundas.
Sin embargo, estos documentos no deben entenderse únicamente como recetas que reproducir. Su principal valor reside en lo que nos cuentan sobre su tiempo: cómo se organizaban los oficios, qué recursos estaban disponibles, qué lenguaje técnico se empleaba y cómo circulaban los conocimientos prácticos.
Conservarlos es preservar una parte de nuestra memoria colectiva. Cada portada, anotación, fórmula o huella de uso ayuda a reconstruir historias que no siempre aparecen en los grandes relatos históricos: las de los talleres, los pequeños fabricantes y las personas que sostenían la vida diaria con su trabajo.
La conservación del fondo antiguo del CEDOCAM, permite que obras como el Manual del jabonero y la fabricación de jabones sigan siendo accesibles para la investigación, los estudiantes y la ciudadanía. Proteger este patrimonio documental exige cuidados especializados, catalogación, almacenamiento adecuado y, por supuesto, su difusión pública.

